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Steve de Jarnatt - 1988 - '70 minutos para morir'Tras más de una década dando tumbos por Hollywood y habiendo sido elegido como uno de los 10 mejores guiones sin filmar de 1983; la Warner quiso poner en imágenes la original propuesta que suponía “70 minutos para morir”. Aunque enamorado del argumento, el guionista (“Extraño brebaje”, 1983, de Rick Moranis & Dave Thomas) y director (debutó con la ciencia-ficción de culto “Cherry 2000”, 1987, y luego se ha dedicado a televisión) Steve de Jarnatt fue rechazado; por lo que esperó tres años hasta que pudo comprar el mismo el guión, reescribirlo y conseguir financiación. El resultado fue una de las fusiones genéricas más ingeniosas y frescas de los 80; una suerte de comedia romántica que se transforma, acompañada por las inquietantes melodías electrónicas de Tangerine Dream, en una angustiosa huida contra el tiempo (que funciona inteligentemente como metáfora o sinécdoque de las relaciones sentimentales y del paso de la especie humana por la Tierra) en la que el amor ha de competir con los más bajos instintos humanos que surgen en las situaciones límite.

Después de conocerse y pasar la tarde juntos, Harry (Anthony Edwards) y Julie (Mare Winningham) quedan para tener una cita por la noche, cuando Julie salga de trabajar. Pero el despertador de Harry falla y llega horas tarde. Julie ya se ha ido, pero una extraña llamada telefónica que Harry coge por casualidad en una cabina lo empujará a una desesperada búsqueda por las calles de Los Angeles.

Perfectos en sus papeles, los protagonistas estan secundados por un heterogéneo y atractivo reparto de habituales característicos (John Agar, Earl Boen, O-Lan Jones, Edward Bunker o Brian Thompson) que se mueven entre el realismo paródico y el surrealismo; y el trabajo en la puesta en escena de Steve de Jarnatt es efectivo y a veces ingenioso. Pero el gran acierto del film (debido probablemente al modesto presupuesto) es su minimalismo, la estética de sus enormes avenidas vacías y la sencillez de su argumento; lo que ayuda a intensificar esa sensación pesadillesca de paranoia (nuclear) que te mantiene intrigado, sin saber nada seguro, hasta el final de la película.

 

– Para interesados en el cine romántico decididamente rompedor.

– Imprescindible para buscadores de perlas ocultas de los 80.

 

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