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Jim Jarmusch - 1999 - 'Ghost Dog. El camino del samurai'Tras consolidarse como uno de los grandes del cine independiente americano de los 80 y 90 gracias a “Bajo el peso de la ley” (1986), “Noche en la Tierra” (1991) o “Dead Man” (1995), el director de Brooklyn Jim Jarmusch cerró un ciclo en su carrera (no dirigiría otro largometraje hasta “Flores Rotas”, 2005) con este homenaje a la cultura japonesa y al honor del samurai, al cine negro francés (con “El silencio de un hombre” de Jean-Pierre Melville a la cabeza), al cartoon (usa a Betty Boop, Felix el Gato, al Pájaro Loco y hasta Rasca y Pica como metáforas argumentales) y, por supuesto, a Nueva York; en el que un argumento sencillo (habitual del cine de samuráis) esconde belleza, ironía, inteligencia, cinefilia, sensibilidad, filosofía y muchas más cosas para quien sepa leer entre líneas. Un drama criminal urbano que extrae del submundo de las mafias y las bandas callejeras lo necesario para hablarnos, con espíritu de fan, de la moral del guerrero como metáfora y la redención como única salida.

Ghost Dog (Forest Whitaker) es un introvertido asesino a sueldo que se rige por el código de honor de los antiguos samurais. Por ello debe lealtad a Louie (John Tormey), un gangster que le salvó la vida. Pero un día la misión en la que se encuentra se tuerce, y toda la mafia intenta acabar con él.

La acertada mezcla de cultura milenaria (las palomas mensajeras, …) y contemporánea (como el hip-hop) enfatiza la pasión de una serie de artistas (RZA en una banda sonora, que intercala canciones con fragmentos del libro fundacional de la disciplina samurai) o Robby Müller en la fotografía) por las generaciones anteriores de cineastas, por géneros y corrientes que buscaban diferenciarse de lo que imperaba mirándose en el pasado (el cine de artes marciales oriental o vanguardias como la Nouvelle Vague o el Nuevo Cine Alemán de los 70). Y es que Jarmusch vuelve a demostrar como fusionar a la perfección la gravedad y la seriedad de sus propuestas temáticas con su gusto por la cultura popular; logrando una pieza de culto que puede ser contemplada desde diversos niveles de significado.

 

– Para los que no necesiten un tiroteo cada 6 minutos.

– Imprescindible para entender qué pasó con Jim Jarmusch en los 90.

 

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