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082 - Mary Lambert - 1989 - 'Cementerio viviente'Aunque su éxito ha sido mayor en el mundo de los videos musicales (de Madonna a Queensrÿche) y la televisión (“The Blacklist”, 2013), la realizadora estadounidense Mary Lambert (“Relación fatal”, 1987, o “14 Women”, 2007) también intentó hacer fortuna en el cine. La cumbre de su mediocre carrera cinematográfica fue esta escabrosa adaptación de la novela homónima de Stephen King (que excepcionalmente escribió también el guión). Y es precisamente la crudeza y sordidez que King imprime al film como autor (alejándose de la comercialidad de otras adaptaciones de la época), unida a una efectiva realización, lo que hace tan atractiva esta pequeña joya de culto del cine de terror. Y es que a pesar de no alcanzar la profundidad temática de “Carrie” (1976) o “El resplandor” (1980), el film de Mary Lambert da al espectador todo lo que promete; proponiendo, un tanto torpemente, una escalada de tragedia y horror cargada de imágenes impactantes y ‘giros del destino’.

Louis (Dale Midkiff) y Rachel Creed (Denise Crosby) son un matrimonio que se traslada junto a sus hijos de Chicago a un pequeño pueblo de Maine, donde Louis ejercerá de médico. Detrás de la casa de los Creed, internándose en el bosque, hay un cementerio de animales, donde según la leyenda resucitarán los que sean enterrados allí.

Stephen King nos habla de la paternidad, de la imposibilidad de asimilar la muerte y de la ‘convivencia’ con una cultura ancestral arraigada al equilibrio de la Naturaleza, pero Mary Lambert no es Stanley Kubrick, ni David Cronenberg, ni siquiera Brian De Palma; aunque si logra que el film esté a la altura (o supere) los puros ejercicios de entretenimiento de Mark L. Lester (“Ojos de fuego”, 1984) o Lewis Teague (“Cujo”, 1983, o “Los ojos del gato”, 1985); un producto sin excesivas pretensiones que deja para el recuerdo la pegadiza canción de Los Ramones (‘Pet Sematary’), la diabólica cara de Miko Hughes y los artesanos efectos de maquillaje del doblemente oscarizado David LeRoy Anderson (“Men in Black”, 1997, de Barry Sonnenfeld). ¿Qué más se puede pedir para una tarde de domingo?

 

– Para amantes del cine de terror ochentero.

– Imprescindible para interesados en el universo cinematográfico de Stephen King.

 

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