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049 - Roman Polanski - 1976 - 'El quimérico inquilino'El polémico director polaco (aunque nació en París) Roman Polanski (“Chinatown”, 1974, o “El pianista”, 2002) dio rienda suelta a su pasión por el fetichismo, la locura y el suspense con la considerada tercera parte de su ‘trilogía de los apartamentos’ (las anteriores serían “Repulsión”, 1965; y “La semilla del diablo”, 1968). Febril e incomprendido ejercicio de estilo entre Alfred Hitchcock, las paranoias conspiratorias y el terror gótico urbano con un repato internacional (Isabelle Adjani, Shelley Winters, Melvyn Douglas o Lila Kedrova), una realización impecable y un sentido de la intriga y la obsesión inmejorable. Basada en un relato del trasgresor, crítico y surrealista Roland Topor, la película propone una suerte de pesadilla kafkiana que deja en el espectador una sensación de extrañeza que se va intensificando en la medida que la trama se va volviendo más opresiva.

El film sigue los pasos de Trelkovsky (el propio Roman Polanski), un recatado conserje, que comienza a vivir en un apartamento donde antes se había suicidado una  mujer. Poco a poco, Trelkovsky comienza a sospechar que están intentando que él haga lo mismo.

Así compone Polanski (también co-guionista) un asfixiante thriller de terror psicológico que parecía simbolizar el antisemitismo y la presión que el propio director había sentido por ser judío (sobre todo por las traumáticas experiencias vividas durante la guerra), lo que entroncaría también con el contenido conceptual de la obra de Franz Kafka. Pero Polanski no se mira solo en Kafka y Hitchcock, despliega además un gusto por lo excesivo y lo grandilocuente que lo emparenta con Mario Bava; o un afán introspectivo y reflexivamente trascendental que lo acercan a cierto ‘terror de autor’ practicado por Ingmar Bergman (“Persona”, 1966, o “La hora del lobo”, 1968). A que el resultado final sea tan inquietante como coherente ayudan inestimablemente el soberbio trabajo del prestigioso director de fotografía Sven Nykvist (no por casualidad habitual de Bergman) o el surreal y perverso escenario diseñado por Pierre Guffoy (forjado en la Nouvelle Vague y responsable de los últimos trabajos de Luis Buñuel).

 

– Para los que disfrutan con las enfermizas paranoias a pie de escalera.

– Imprescindible para buscadores del cine menos exitoso del archiconocido Polanski.

 

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