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Ida Lupino - 1953 - 'El autoestopista'Años después de protagonizar éxitos como “El último refugio” (Raoul Walsh, 1941) junto a Humphrey Bogart, la actriz, directora, productora y guionista Ida Lupino demostraba que sus aspiraciones artísticas iban más allá de trabajar como actriz de carácter para Michael Curtiz o Henry Hathaway; y tras 20 años de carrera consiguió ponerse tras las cámaras en unas cuantas pequeñas joyas de bajo presupuesto (“Ultraje”, 1950, “El bígamo”, 1953) entre las que destaca esta lección sobre lo que se puede hacer con poco dinero, pero con imaginación, profesionalidad e inteligencia. “El autoestopista” es un thriller criminal que supuso un soplo de aire fresco al cine negro de la época; una sencilla pero contundente ‘road movie’ malsana y violenta, con una imaginativa puesta en escena y una lograda atmósfera, que parte de un suceso real para sumergirnos en los rincones más oscuros del comportamiento humano.

Roy y Gilbert (Edmond O’Brien y Frank Lovejoy) dejan a sus mujeres con la excusa de ir a pescar y se van de juerga México. Pero por el camino recogerán a un autoestopista (William Talman) que resulta ser un asesino perseguido por la policía. Este los tomará como rehenes y pondrá sus vidas al límite.

Pionera de las mujeres directoras, Ida Lupino también escribió el guión (junto a su ex-marido Collier Young) de esta influyente perla escondida del cine enmarcada en una moda de los años 50 en la que buenos ciudadanos, esos prototípicos del ‘american way of life’, eran violentados por criminales despiadados y amorales (símbolo de esas ‘invasiones’ a las que tanto miedo tenían en EE.UU. durante la Guerra Fría). Pero además de confeccionar un digno antecedente de las películas de asesinos psicópatas modernas, Lupino también está interesada en romper tabúes e introduce en la trama una serie de elementos (bigamia, madres solteras, …) con los que desafiar la corrección habitual de las producciones de los grandes estudios. Tal vez “El autoestopista” sea un tanto predecible y pueda parecer un tanto trasnochada para los cánones actuales, pero sigue siendo una auténtica lección de cine.

 

– Para amantes del buen cine de serie B.

– Imprescindible para conocer la faceta de la dura Ida Lupino como directora.

 

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