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Henry Hathaway - 1935 - 'Tres lanceros bengalíes'

Antes de poner su talento al servicio de clásicos del cine negro (“El beso de la muerte”, 1947), dar el primer papel protagonista a Marilyn Monroe (“Niágara”, 1953), o llevar a John Wayne a ganar el Oscar (“Valor de ley”, 1969); el gran artesano hollywoodiense Henry Hathaway tuvo su primer gran éxito con este clásico indiscutible del cine de aventuras exóticas en el que las peripecias de tres soldados británicos (esa raza de oficiales inmutables e imperturbables que los Monty Python parodiaban en “El sentido de la vida”) dan lugar a una serie de situaciones (inspiradas en una novela autobiográfica de Francis Yeats-Brown) relatadas con gran sentido de humor y del ritmo por un director artesano y comprometido por encima de la media. La exaltación de la amistad y el honor son los temas de esta superproducción protagonizada por una de las estrellas más (acertadamente) prometedoras del momento: el irónico desgarbado Gary Cooper.

El teniente Alan McGregor (Gary Cooper) entabla una fuerte amistad con los tenientes Forsythe (Franchot Tone) y Stone (Richard Cromwell), dos nuevos reemplazos del pelotón 41 de lanceros bengalíes en la frontera noroeste de la India con Afganistán; donde durante la época de la India como colonia británica combatían contra los rebeldes liderados por Mohammed Khan (Douglass Dumbrille).

A pesar de ser un producto 100% Hollywood (incluso rodado en California), “Tres lanceros bengalíes” consigue trasladar a la gran pantalla, con entusiasmo y empatía, los valores e idiosincracia que el imperialista ejército británico quiso convertir en su canon de comportamiento; resultando un idealizado y divertido film de entretenimiento en el que no hay mucho lugar para reflexiones político-morales sobre los ‘puntos negros’ del colonialismo y el paternalismo occidental. Cine de evasión que tal vez desagradará a los que no sepan ver más allá de su contexto militarista, pero que deparará casi dos horas de clásicas avenuras exóticas (género al que ayudó a popularizar, provocando una fiebre en los 30 de films con premisas similares).

 

– Para que toda la familia descubra el cine clásico y artesanal.

– Imprescindible para los cinéfilos viajeros fans de “El hombre que pudo reinar” (John Huston, 1975) o “Zulú” (Cy Endfield, 1964).

 

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