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160 - David Lynch - 1997 - 'Carretera Perdida'El críptico realizador estadounidense David Lynch (“Cabeza borradora“, 1977, “El hombre elefante”, 1980, “Twin Peaks: fuego camina conmigo”, 1992) volvió a su adorado cine negro sui generis (al que parecía abonado desde “Terciopelo Azul”, 1986) con este thriller de misterio bizarro, oscuro y surrealista recorrido por una atmósfera visual y narrativa perversa y siniestra. Y es que con “Carretera Perdida”, David Lynch dio un giro a su carrera, abandonando casi para siempre (a excepción de “Una historia verdadera”, 1999) los argumentos concretos y las historias lineales (luego llegarían las estimulantemente abstractas “Mulholland Drive”, 2001, o “Inland Empire”, 2006); confeccionando un extraño drama criminal a base de pensamientos fragmentados, estados de ánimo, emociones o ideas atractivas de diversas índoles, surgidas de la lectura de un libro o del disfrute de una canción.

Lynch y Barry Gifford (que ya había colaborado con el director en la adaptación “Corazón Salvaje”, 1990) tejieron una extraña historia en la que un músico de jazz (Bill Pullman) comienza a recibir cintas de video en las que aparece junto a su mujer (Patricia Arquette) en su propia casa. El argumento dará un giro de 180º gracias a un tramposo, enigmático y surrealista golpe de efecto de guión (del que surge Balthazar Getty) mientras que la atmósfera se va haciendo más densa y malsana.

Confusa, perturbadora, inolvidable y magistral, “Carretera perdida” cuenta también con un heterogéneo reparto de secundarios de culto (Henry Rollins, Robert Blake, Mink Stole, Gary Busey, Richard Pryor o su querido Jack Nance); una tenebrosa banda sonora de Angelo Badalamenti acompañada de hitos musicales del mal rollo como Nine Inch Nails, Marilyn Manson, Rammstein o The Smashing Pumpkins); y la impactante fotografía de Peter Deming, que explota su parentesco con el cine negro, rasgando las sombras con un agresivo amarillo. El resultado es un film que no necesita explicación, una experiencia visual y conceptual que esquiva las clasificaciones convencionales y nos da más de lo que esperamos.

 

– Para fans del cine de autor moderno más inclasificable.

– Imprescindible para los que no necesitan la coherencia interna en el cine.

 

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