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Russ Meyer - 1965 - 'Faster, Pussycat! Kill! Kill!'A pesar de no contener ningún desnudo explícito, de que su violencia sea algo ingenua, de que las interpretaciones sean planas y que su ínfimo presupuesto limita los escenarios y las situaciones, “Faster, Pussycat! Kill! Kill!” ofrecía a mitad de los 60 un festival insólito y atrevido de coches veloces, violencia gratuita, amoralidad descacharrante y grandes pechos. La presencia de una poderosa Tura Satana (que pasó a convertirse en un icono del cine de serie B), la dirección del festivo y deshinibido Russ Meyer (“El valle de los placeres”, 1970, “Supervixens”, 1975, o “Megavixens”, 1976) y su desenfadado tono ‘explotation’ la convirtieron en un film de culto a pesar de suponer un fracaso de público y crítica en el momento de su estreno (su guión fue calificado como el peor escrito jamás). Con una estética polvorienta y minimalista entre un club de topless de moteros y un western fronterizo protagonizado unas pin-ups del infierno, Meyer confecciona un puzzle deslabazado y grotesco tan hipnótico como influyente.

El film sigue las peripecias de tres exuberantes e implacables strippers (Tura Satana, Haji y Lori Williams) que se dedican a participar en carreras de coches, pelear, secuestrar y robar. Deciden seducir a los hijos de un paleto del desierto para quedarse con una gran cantidad de dinero que han oído que esconden.

Russ Meyer nos ofrecía una original propuesta de cine de criminales en fuga (entre “Horas desesperadas”, 1955, de William Wyler y “El manatial de la doncella”, 1960) destinada a satisfacer el morbo del espectador de una época que disfrutaba de una de las revoluciones culturales más intensas del siglo XX; pero también un feroz relato contracultural (e incluso con lecturas feministas) en el que nos ponemos del lado de unas desbocadas, peligrosas y agresivas delincuentes con ropa ceñida que arrasan con todo lo que encuentran a su paso en un viaje a través del desierto californiano cuya alargada sombra llega a films como “Thelma & Louise” (Ridley Scott, 1991) o “Death Proof” (Quentin Tarantino, 2007).

 

– Para aquellos que se preguntan por los orígenes del cine independiente americano.

– Imprescindible para rastreadores de influencias en el cine de John Waters o Quentin Tarantino.

 

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