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75 - Woody Allen - 1985 - 'La Rosa Púrpura del Cairo'El film más taquillero del más popular de los directores neoyorquinos fue en su momento “La Rosa Púrpura del Cairo”; cuento cinéfilo de príncipes encantados y cenicientas de barrio bajo el que Woody Allen volvía a mezclar la realidad y la fantasía (como ya había hecho en “Zelig”, 1983 y repetiría en “Alice”, 1990, o “Midnight in Paris”, 2011) con la sutileza costumbrista de un maestro. Excelente guión (cargado de ingeniosos y divertidos diálogos marca de la casa) en forma de fábula romántica trufada de comedia elegante e inteligente en el que Allen utiliza llamativos recursos narrativos (como el uso del blanco y negro junto al color) y confecciona una preciosa carta de amor al cine de aventuras exóticas en particular y al de evasión en general. La elección entre una dura realidad y una atractiva ficción funciona como dilema moral con el que elevar esta sencilla joya de la comedia romántica un tanto olvidada entre la impresionante calidad y cantidad (46 largometrajes en 47 años) de la filmografía de su director.

Durante la Gran Depresión, Cecilia (Mia Farrow) es una recatada camarera  de la que abusa su violento marido (Danny Aiello). Ella se evade de la dura realidad frente a la pantalla del cine en especial viendo “La Rosa Púrpura del Cairo”, protagonizada por el galán Gil Shepher (Jeff Daniels), hasta que un día ocurre algo extraordinario.

Inspirándose en atrevidas comedias clásicas que rompían la ‘cuarta pared’ (como “Loquilandia”, 1941, de H.C. Potter) y en el metateatro de Luigi Piranello, Woody Allen teje una trama en la que el drama es atenuado por el romanticismo y la fascinación por el cine; consiguiendo en menos de hora y media que empaticemos con esa protagonista oprimida por la pobreza y la violencia que busca emociones en la oscuridad de una platea a oscuras. “La rosa púrpura del Cairo” es divertida, tiene mensaje, es emocionante y además está rodada con el perfeccionismo de Allen unido al virtuosismo artístico de colaboradores habituales como el director de fotografía Gordon Willis o esas eternas melodías de los años 20 y 30 (‘Cheek to cheek’ o ‘I love you baby, my baby loves me’) que invitan a la nostalgia.

 

– Para cualquier cinéfilo con un mínimo de sensibilidad.

– Imprescindible para recuperar algunas joyas olvidadas de la intachable filmografía del gran Woody Allen.

 

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