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90 - Jonathan Demme - 1993 - 'Philadelphia'Drama judicial reivindicativo, complejo e inteligente en su buen uso de los elementos más morbosos que puedan surgir de la trama, que dio prestigio a Tom Hanks (logrando el primer Oscar de la historia a un personaje homosexual); consolidó la reputación de un Jonathan Demme (“Stop Making Sense”, 1984, o “Algo salvaje”, 1986), que venía de ganar el Oscar por “El Silencio de los Corderos” (1991); y supuso uno de los más interesantes, serios y concienzudos acercamientos al SIDA desde la reivindicable “Compañeros inseparables” (Norman René, 1989). Un guión que huye de los sensacionalismos, unas excelentes interpretaciones, una acertada dirección y la omnipresente y poderosa melodía de Bruce Springsteen (‘Streets of Philadelphia’ también logró el Oscar a la mejor canción) son razones de más para acercarse a esta conmovedora oda a la igualdad.

Andrew Beckett (Tom Hanks) es un abogado de un poderoso bufete de Philadelphia, que al ser despedido después de que sus jefes se enteren que tiene SIDA, decide demandarlos. Pero ningún abogado quiere enfrentarse al influyente bufete, así que termina pidiéndoselo a Joe Miller (Denzel Washington), un abogado populista con poco prestigio.

De un solo golpe “Philadelphia” supone un ajuste de cuentas con el a menudo superficial y estereotipado trato recibido por los homosexuales en el cine y una necesaria mirada sin prejuicios a la enfermedad más traumática y estigmatizante de las últimas décadas. Veteranos como Joanne Woodward o un detestable Jason Robards y nuevas promesas de Hollywood como nuestro Antonio Banderas elevan la categoría de este duro drama en el que podemos asistir tanto a comportamientos deleznables y homofóbicos como a otros que te hacen confiar en que la humanidad aún conserva bondad y fuerza para luchar contra las injusticias. Tal vez el SIDA ya no es lo que era a principios de los 90 (a lo que, sin duda ayudaron films como este), pero es que en el fondo, la situación puede ser extrapolable a cualquier exclusión y discriminación social, y aquí, en su universalidad, donde se encuentra el punto fuerte de este clásico moderno.

 

– Para los que no tengan miedo de soltar alguna lágrima.

– Imprescindible para estudiar la portentosa carrera actoral de Tom Hanks, y de paso la de Denzel Washington y la Antonio Banderas.

 

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