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Orson Welles - 1965 - 'Campanadas a Medianoche'Posiblemente la última obra maestra de un orondo y excesivo Orson Welles (“Ciudadano Kane”, 1941, “Sed de mal”, 1958, o “El proceso”, 1962) que adaptaba diversas obras de Shakespeare para confeccionar un collage cinematográfico atemporal alrededor de la figura de Sir John Falstaff. Coproducción entre España, Francia y Suiza en la que el siempre atrevido y vanguardista Welles se traslada a la Edad Media mezclando la comedia y la tragedia con una contrastada y sobria fotografía de Edmond Richard, un reparto único (a Welles lo acompañan Jeanne Moureau, John Gielgud, Fernando Rey o Margaret Rutherford) y una evocadora partitura de Francesco Lavagnino; regalando al espectador un recital interpretativo y autoral a lo largo de una compleja trama repleta de conspiraciones, crímenes y hasta batallas.

El Rey Ricardo ha muerto y las malas voces hablan de que el responsable es su sucesor al trono Enrique IV. Su hijo, futuro rey con el nombre de Enrique V, anda siempre con el desmesurado Falstaff (el propio Welles), decisivo en los acontecimientos que ocurrirán.

Welles aprovechó el ajustado presupuesto compensándolo con un conocimiento y un amor por Shakespeare que recorre todo el film, además de por su enorme talento en labores de puesta en escena o montaje; dando importancia al diálogo por encima de la escenografía, a los movimientos de cámara sobre los medios técnicos (lo que se ve claramente en la secuencia de la batalla de Shrewsbury) y a la interpetación y la compleja trama por encima de todo. Así, en manos del genial director de “El cuarto mandamiento” (1942), los textos de William Shakespeare brillan más ingeniosos y actuales que nunca; desarrollando al máximo su crítica social, su agudeza verbal y su picaresca ironía. La crítica no entendió la ambición sucicida de Welles y no profundizó más allá del austero aspecto de esta maravilla shakesperiana, con lo que “Campanas a medianoche” tuvo que esperar años hasta que se la consideró como una de las cumbres de la libertad creativa y la profundidad que no siempre pudo desarrollar Orson Welles.

 

– Para cualquiera que quiera iniciarse en el Shakespeare menos glamuroso.

– Imprescindible para conocer el enorme talento de Welles.

 

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