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Terry Jones & Terry Gilliam - 1983 - 'El sentido de la vida'La tercera y última película oficial de los Monty Python (tras “Los caballeros de la mesa cuadrada…”, 1975, y “La vida de Brian”, 1979) fue esta compilación de sketches en torno al sentido de la vida humana en el que vuelven a alcanzar cotas de humor inteligente que rallan la perfección. Con algunos de los gags más populares del grupo inglés (el Señor Creosota, la clase de educación sexual, la máquina que hace ‘ping’ y un largo etcétera), “El sentido de la vida” va enumerando temas más o menos trascendentales por medio de sus habituales transgresiones de la religión, la política, la economía, la hipocresía o el aburguesamiento, desde el nacimiento a la muerte. Irreverente, genial, absurda y hasta educativa, la película supuso un excelente canto del cisne de los Monty Python (aunque fue la muerte de Graham Chapman, en 1989, el verdadero final).

Dividido en siete partes (‘el milagro del nacimiento’, ‘crecer y aprender’, ‘luchando contra los demás’, ‘edad madura’, ‘trasplantes de órganos vivos’, ‘los años otoñales’ y ‘la muerte’), el film hace un irónico recorrido por las diferentes etapas de la vida en secuencias sin conexión entre ellas, buscando algo que nos muestre cual es el sentido de nuestra existencia.

Casi una década después del final de la intemporal serie de culto “Monty Python’s Flying Circus” (1969-74), “El sentido de la vida” nos devolvía a unos de los cómicos más influyentes del siglo XX; armados con todas las constantes habituales de su humor, mezclando como nadie la historia con agudos diálogos, la filosofía con el gore o la reflexión en torno a la sociedad con la comicidad física. Marca de la casa son también una serie de sarcásticas canciones con melodías arrancadas de musicales clásicos y letras tan delirantes, irreverentes y críticas como las de ‘Every sperm is sacred’, ‘The Penis Song’ o ‘Galaxy Song’. Terry Gilliam (responsable de las surrealistas animaciones) dirigió el corto “The Crimson Permanent Assurance” que acompaña al film, una sátira del mundo empresarial con forma de aventuras marítimas que demostraba el gusto de Gilliam por la fantasía con trasfondo.

 

– Para el que esté harto de chistes burdos y prefiera reírse de la filosofía, la antropología, la historia y la donación de órganos.

– Imprescindible para defensores del ‘todo vale’ para arrancar una sonrisa y hacerte pensar.

 

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