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Tony Scott - 1991 - 'El último Boy Scout'Vilipendiada por la crítica y buena parte del público en el momento de su estreno, “El último Boy Scout” (que pasaba por ser el guión más caro de la historia del cine) tardó en ser considerada como lo que en realidad es: el cúlmen del adorado cine de acción chulesco de los 80 que el propio Willis había dignificado con “La jungla de Cristal” (John McTiernan, 1988). Un argumento arraigado en el mejor cine negro sirve al guionista Shane Black (“Kiss Kiss, Bang Bang”, 2005) para regalarnos un recital antológico de frases lapidarias plagadas de tacos (y referencias a la cultura popular) tan tronchantes como simpáticas, una serie de personajes prototípicos que no hace falta presentar (los matones, el amigo infiel, la hija airada, el gordo malísimo y corrupto, …) y de regalo algunas escenas de acción que Tony Scott (“Top Gun”, 1986, “Amor a quemarropa”, 1993, o “El fuego de la venganza”, 2004) rueda con el ritmo trepidante que imprime a todo el film.

El film sigue las peripecias del desaliñado (pero de pasado heróico) detective privado Joe Hallenbeck (insustituible Bruce Willis), el cual ha de cooperar con Jimmy Dix (Damon Wayans), un ex-jugador de fútbol americano de buen corazón (pero vicios censurables). Juntos intentarán salvar el deporte profesional, vengar la muerte de Halle Berry y de paso recuperar el respeto de su hija y su matrimonio.

Además de ser un ameno y compacto compendio de elementos del cine de acción de la década anterior, esta violenta, cínica e irónica ‘buddy movie’ también funcionaba como vuelta de tuerca al sello como productor del siempre adrenalínico Joel Silver (“Arma letal”, 1987, de Richard Donner, “Depredador”, 1987, de John McTiernan, o “Matrix”, 1999, de los hermanos Wachowski); un ejercicio de estilo entre una reflexión metagenérica sarcástica y autoconsciente y un retrato psicológico descarnado pero cariñoso de uno de los antihéroes más carismáticos de los 90. “El último Boy Scout” no es una obra maestra del cine, desata pasiones y odios, pero es difícil quedarse indiferente ante su divertido recital de testosterona, entretenimiento de culto puro y duro.

 

– Para fans del cine de acción sin efectos digitales.

– Imprescindible para amantes de la adrenalina y el humor cínico.

 

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