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Godfrey Reggio - 1983 - 'Koyaanisqatsi'Compuesta por imágenes grabadas durante 7 años a lo largo de EE.UU., sin ninguna clase de narración oral y acompañada por la etérea y minimalista música de Philip Glass; “Koyaanisqatsi” es una poética reflexión documental de los efectos del ser humano en su intervención en la Naturaleza. Monument Valley, el Gran Cañon, los casinos de Las Vegas, Time Square o Hawaii son algunos de los escenarios naturales y urbanos que Reggio utiliza para hablarnos de ese choque entre el medio ambiente y sus tecnificados pobladores con una belleza visual hipnótica que trasciende lo antropológico, lo biológico y lo cultural; de como la tecnología es un motivo omnipresente en cualquier sitio donde encontremos personas. Reggio varía la velocidad en la que nos presenta las imágenes (de la cámara lenta al ‘time lapse’) y lo adorna todo con suaves movimientos de cámara que crean un sensación de inmersión perfecta para la reflexión.

La palabra ‘Koyaanisqatsi’ proviene de los indios Hopi (asentados en Arizona) y significa algo así como ‘desequilibrio vital’ o ‘vida caótica’; evocando esa degradación y descomposición a la que parece dirigirse la sociedad, ignorando la belleza del mundo para su propio beneficio.

Así, “Koyaanisqatsi” se erige no solo en un atractivo y acertado film de protesta ecológica, sino que también parece tocar conceptos filosóficos más elevados en torno a la propia condición humana y el sentido de la existencia (¿quiénes somos? ¿qué hacemos aquí?); además de contener suficiente fuerza estética para obviar cualquier contenido temático y dejarse llevar por sus delicadas imágenes en un sugestivo viaje visual. El film se convirtió en la primera parte de una trilogía filosófica-ecológica-visual que se completó con las también destacables “Powaqqatsi” (1988) y “Naqoyqatsi” (2002), y que es el trabajo al que Reggio ha dedicado toda una vida. Además, uno de los guionistas del film (además de responsable de la fotografía y el montaje), Ron Fricke hizo lo propio con sus sus propios largometrajes con igual repercusión y calidad: las impresionantes “Baraka”, 1992, y “Samsara”, 2011.

 

– Para los que quieran viajar sin salir del salón, con todo lo que conlleva.

– Imprescindible para los amantes de las poesías visuales de calado ecologista.

 

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