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Michael Winterbottom - 2002 - '24 hour party people'Entre la crónica periodística y la memoria melancólica y melómana, el heterogéneo y a menudo comprometido Michael Winterbottom (“In this World”, 2002, “Camino a Guantánamo”, 2006, o “La doctrina del shock”, 2009) compone un fresco de la movida musical de Manchester entre finales de los 70 y comienzos de los 90, con la figura del fundador de Factory Records Tony Wilson como catalizadora columna vertebral. Los inicios de bandas como New Order o Happy Mondays forman parte de este caleidoscopio de historias reales y leyendas urbanas en torno a la creación musical y al amor por la música. Diálogos chispeantes e inteligentes y un estilo narrativo y visual arrebatadoramente moderno (aunque algo impersonal a veces), una banda sonora excelente (con su punto álgido en el ‘Love Will Tear Us Apart’ de Joy Division) y un sentido del ritmo ágil y eminentemente pop hacen de la película todo un documento imprescindible de un momento importante en la historia de la música pop.

Tony Wilson (Steve Coogan) es un periodista que tras asistir al fundacional concierto que los Sex Pistols dieron en 1976, decide convertirse en promotor de conciertos punk en un local de Manchester. Tras fundar la productora Factory Records se convierte en uno de los grandes impulsores de la escena musical desde el after punk al sonido ‘Madchester’.

El guión de Frank Cottrell Boyce (en su quinta colaboración con Winterbottom) recoge sucesos reales combinándolos con leyendas urbanas y momentos inventados en un festival de cine posmoderno (repetiría en la inclasificable “Tristram Shandy: A Cock and Bull Story”, 2005); aderezándolo todo con decenas de intervenciones especiales de músicos y actores de la época, numerosas rupturas de la ‘cuarta pared’ y diversos guiños metalingüísticos (como el divertido cameo de Howard Devoto, cantante de los Buzzcocks). Una oda al ‘sexo, drogas y rock & roll’ con la forma de un sugerente y vertiginoso cóctel de géneros (comedia, drama, musical, biopic, …) que, no obstante, puede defraudar a los que no conciban la música como un estilo de vida.

 

– Para melómanos modernos con sentido cinematográfico.

– Imprescindible para los seguidores de ese ‘rara avis’ que es Michael Winterbottom.

 

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