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91 - Oliver Stone - 1994 - 'Asesinos natos'Tras una serie de exitosos films controvertidos y comprometidos (“Platoon”, 1986, “Wall Street”, 1987, “Nacido el 4 de julio”, 1989, o “The Doors” y “JFK (Caso abierto)” de 1991), Oliver Stone se lanzó de cabeza con esta delirante y esquizofrénica sátira de los medios de comunicación y la moral imperante. Novato pero con las ideas claras, Quentin Tarantino (que se inspiró en una historia real ocurrida en los años 50) se desentendió de un guión que Stone havía transformado en un collage de texturas, soportes, géneros, intenciones y temáticas dando lugar a una de las más atrevidas narraciones visuales que ha dado el cine ‘mainstream’. Violento, erótico e irónico compendio de casi todo lo que se puede hacer en el cine, “Asesinos Natos” contiene tal variedad de planos, filtros, lentes, formatos (desde la animación psicodélica a la comedia de situación) y referencias que es fácil perderse de la historia de estos Bonnie & Clyde modernos, suburbiales y descarados.

Mickey (Woody Harrelson, despojándose para siempre de su rol de bonachón con pocas luces de la serie “Cheers”, 1982-93) es un repartidor de carne que un día, haciendo un reparto, se enamora de Mallory (Juliette Lewis, Lolita por excelencia del momento tras “El cabo del miedo”, 1991, o “¿A quién ama Gilbert Grape”, 1993). Mickey ayudará a Mallory a escaparse de su abusivo padre y juntos emprenderán un viaje que dejará un rastro de cadáveres.

La compulsión referencial tarantiniana (de “Río Bravo”, 1959, de Howard Hawks a “El justiciero de la noche”, 1985, Michael Winner) se une a la vertiginosa y paródica puesta en escena de Oliver Stone en este agresivo romance criminal de asesinos itinerantes; a su ecléptica banda sonora (Bob Dylan, Leonard Cohen, Édith Piaf, Patti Smith, Dr. Dre, Nine Inch Nails o ‘Carmina Burana’) y a su estupendo (y muy heterogéneo) reparto de secundarios y cameos varios (Tom Sizemore, Robert Downey Jr., Tommy Lee Jones, Rodney Dangerfield, Pruitt Taylor Vince o Edie McClurg). El éxito fue inmediato, convirtiéndose rápidamente en un icono angular del cine posmoderno más recargado e hiperbólico.

 

– Para cinéfilos al los que les de pereza hacer zapping.

– Imprescindible para los amantes de los catálogos visuales y narrativos.

 

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