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Tim Robbins - 1992 - 'Ciudadano Bob Roberts'El año que Robert Altman lo eligió como protagonista de su satírica visión de la industria cinematográfica “El juego de Hollywood”; Tim Robbins (oscarizado como actor por “Mystic River”, 2003, de Clint Eastwood y realizador de “Pena de muerte”, 1995, o “Abajo el telón”, 1999) decidió aventurarse a dirigir (escribir y protagonizar) su propia sátira. Influenciado por otros ‘falsos documentales’ como “Spinal Tap” (Rob Reiner, 1984) y por el cine coral de Altman (“Nashville”, 1975), “Ciudadano Bob Roberts” se sirve de un interminable cast de excelentes actores (Alan Rickman, Ray Wise, David Strathairn, James Spader, Helen Hunt, John Cusack, Susan Sarandon, Fred Ward, …), una serie de sarcásticas canciones cargadas de mala leche, una frescura irreverente y una afilada y demoledora crítica, para erigirse como una joya imprescindible por su incorreción política y su crítica al Partido Republicano y al neoconservadurismo.

Bob Roberts (Tim Robbins) es un cantante folk que decide presentarse al Senado de los Estados Unidos por Pennsylvania. Un periodista (Giancarlo Esposito) seguirá su campaña y destapará qué es lo que hay detrás de la candidatura no es lo que parece.

A partir de un sketch que Tim Robbins había ideado para el “Saturday Night Live” creció este olvidado clásico moderno en el que se mezclan diversos tratamientos y puntos de vista con respecto al sistema político: desde los desplantes poético-reivindicativos que en los 60 lideró Bob Dylan (como el estupendo ‘Wall Street Rap’, que parodia y homenajea el archiconocido video de ‘Subterranean Homesick Blues’ que aparece en “Dont Look Back”, 1967, de D.A. Pennebaker) hasta su acercamiento a figuras del momento como George Bush padre (entonces presidente), pasando por las claras referencias al mandato de Ronald Reagan durante los 80. El resultado es una divertida e irónica diatriba política en la que denunciaba, con cuidada forma de documental, a las figuras públicas, la manipulación y la hipocresía de las clases dirigentes; entreteniéndote como los Monty Python e informarte como Michael Moore.

 

– Para todos los cinéfilos de izquierdas con sentido del humor.

– Imprescindible para conocer los entresijos del juego político en el cine.

 

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