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72 - Francis Ford Coppola - 1992 - 'Drácula de Bram Stoker'El ‘Drácula’ por excelencia de mi generación es un emocionante ejercicio de estilo, visualmente impresionante en su revisitación postmoderna del gótico (inolvidables los trajes de Eiko Ishioka) y una de las más acertadas mezclas de romanticismo y terror del cine moderno; que además se convirtió en el mayor taquillazo de la carrera de un Coppola venido a menos (no ha vuelto a tener un éxito como aquel) que, no obstante, demostró que aún podía manejarse con profesionalidad y toques de maestría como en los tiempos de “El padrino” (1972), “Apocalypse Now” (1979) o “La ley de la calle” (1983). La clásica historia de amor a través de los tiempos de Bram Stoker se convierte en manos de Coppola en una experiencia cinematográfica en la que la ciencia victoriana, las aventuras siniestras, el erotismo animal y el gore se funden logrando un conjunto redondo.

Jonathan Harker (Keanu Reeves) es un joven abogado que viaja a Transilvania para reunirse con el Conde Drácula (Gary Oldman), el cual ha de firmar unos papeles para irse a vivir a Londres. Drácula, que es un vampiro, descubre que la prometida de Harker, Mina (Winona Ryder), es idéntica a la mujer que perdió hace ya 400 años y decide conquistarla. En Londres, cuando el conde comienza a dejar un rastro de víctimas, Van Helsing (Anthony Hopkins) comienza a seguirle la pista.

Con un reparto excepcional repleto de caras conocidas (con secundarios de la talla de Richard E. Grant, Tom Waits o Monica Bellucci); una tenebrosa fotografía de Michael Ballhaus salpicada de un rojo heredero del giallo italiano; el soberbio trabajo de maquillaje de Greg Cannom (la caracterización de Gary Oldman como el conde pasó a formar parte del imagianrio colectivo); la promesa de ser la más fiel adaptación de la novela (a pesar de su vocación innovadora); y sus múltiples referencias a los grandes clásicos vampíricos (de Bela Lugosi a Carl T. Dreyer); y con la canción ‘Love song for a vampire’ de Annie Lennox sonando en todas las emisoras y canales musicales (además de la tenebrosamente romántica partitura de Wojciech Kilar); “Drácula de Bram Stoker” se convirtió en un icono de los 90.

 

– Para buscadores de emociones estéticas fuertes.

– Imprescindible para los que no quieran olvidar quien fue Coppola.

 

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