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Paul Leni - 1928 - 'El hombre que ríe'Aunque era reconocido como uno de los más importantes directores artísticos del expresionismo alemán, Paul Leni también había dirigido alguna joya del horror en su país (“El hombre de las figuras de cera”, 1924) cuando se trasladó a EE.UU. para ponerse al frente de la exitosa “El legado tenebroso” (1927). Pero fue “El hombre que ríe”, un retorcido y escabroso melodrama romántico de terror expresionista la que haría que fuese recordado para siempre. Leni demuestra la química irresistible entre el Romanticismo (el film está basado en una novela de Victor Hugo, tras el éxito de “El jorobado de Notre Dame”, 1923, de Wallace Worsley) y el expresionismo al que se había dedicado en años anteriores; utilizando la iluminación, la puesta en escena o la inquietante caracterización del protagonista para desarrollar un argumento y una serie de conceptos trasgresivos en los que las emociones se colocan por delante de la razón.

A finales del siglo XVII, un orgulloso noble se niega a besar la mano del Rey Jaime II. Así, el monarca decide torturar y acabar con el noble, dando a Gwynplaine (Conrad Veidt), hijo del noble, a unos tipos que se dedican a desfigurar niños para venderlos en ferias. Tras ser desfigurado consigue escapar, pero esto será solo el principio.

Por su condición de tardía superproducción de cine mudo, “El hombre que ríe” se caracteriza por esa madurez tendente al barroquismo a la que había llegado un paradigma cinematográfico que estaba dando sus últimos coletazos; aprovechando al máximo los recursos y las posibilidades del silencio, intensificando la importancia de la imagen, la estética y lo visual por medio de una soberbia dirección de Paul Leni, de la actuación inolvidable de Conrad Veidt como ‘el hombre que ríe’ (indudable inspiración para Bob Kane y Bill Finger a la hora de crear al Joker allá por 1940), la impecable producción de Carl Laemme y de una sordidez gótica tan atractiva como influyente (que marcaría a los futuros clásicos monstruos de la Universal). Solo por los hermosísimos planos y el personaje principal ya merece la pena el visionado.

 

– Para buscadores de amores imposibles.

– Imprescindible para coleccionistas de las grandes joyas de culto del cine mudo.

 

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