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171 - F.W. Murnau - 1926 - 'Fausto'La última gran obra de F.W. Murnau (“Nosferatu el vampiro”, 1922, “El último”, 1924, o “Amanecer”, 1927) antes de abandonar Alemania fue esta versión cinematográfica del “Fausto” de Goethe en forma de tenebrosa superproducción muda (costó 2 millones de marcos y no logró recaudar ni la mitad), cargada de expresionistas efectos especiales y estrellas del cine germano, que fue la más cara producida por la UFA hasta la llegada de “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927) al año siguiente. La dicotomía entre el bien y el mal, la realidad y la fantasía, junto a una reflexión sobre la moral y sus repercusiones se ponen en escena barrocamente con un siniestro e impresionante despliegue técnico con el que Murnau recorre el ‘mito fáustico’ (utilizado hasta la saciedad en historias de muy diversa índole), entre el terror y el drama, recogiendo influencias de la tradición cultural alemana (desde el romanticismo al expresionismo).

El film nos cuenta la clásica historia del hombre (Fausto, interpretado por Gösta Ekman) tentado por el diablo (Mefistófeles, al que da vida Emil Jannings), que decide cambiar su alma inmortal por la vida eterna y los placeres más hedonistas. Pero no será tan fácil y Mefistófeles hará lo posible por arruinar su vida.

Al igual que la obra maestra en la que se basa, “Fausto” reflexiona con lirismo y profundidad en conceptos filosóficos en torno a la condición humana; hablándonos de ese sentimiento de incompletitud que aqueja a los hombres, incluso a aquellos que parecen poseerlo todo. Pero además de su complejidad simbólica y conceptual, la película es un portento cinematográfico donde la siniestra fotografía de Carl Hoffmann (colaborador de Fritz Lang en “El doctor Manuse”, 1922, o “Los nibelungos”, 1924) y la poderosa y ambiciosa puesta en escena de Murnau nos regalan una experiencia técnica, estética y narrativa a la altura de la pinturas de Friedrich o la poesía de Goethe; continuando con ese espíritu en el que las emociones y las pasiones tienen más importancia que el discurso racionalista típico de la modernidad.

 

– Para interesados en la primera madurez del cine.

– Imprescindible para fans de la poesía visual y los melodramas terroríficos.

 

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