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John Badham - 1983 - 'Juegos de Guerra'Director de muchos iconos populares del cine moderno (“Fiebre del Sábado noche”, 1977, “El Trueno Azul”, 1983, “Cortocircuito”, 1986), John Badham alcanzó la cima de su carrera con este thriller adolescente de ciencia-ficción que lanzó a la fama a Matthew Broderick y sembró la duda sobre la seguridad informática en una época en la que los ordenadores personales comenzaban a inundar los hogares americanos de clase media (tras el estreno del film los servidores de BBS, la internet antes del protocolo ‘www’, y la venta de modems creció como la espuma). El film aprovecha la paranoia de la Guerra Fría para confeccionar una divertidísima aventura ochentera (cargada de humor, acción, tecnología e incluso romance) alrededor de la picaresca informática y la inteligencia artificial (¿podemos dejar en manos de esta decisiones que pueden costar vidas?); además de para hacer una llamada de alerta hacia el peligro de la carrera armatentística, la paradoja de iniciar una guerra que acabe inexorablemente con los dos bandos.

David (Matthew Broderick) es un joven hacker que usa su ordenador para cambiar las notas del instituto. Un día conecta con su módem con el ordenador central de defensa de los EE.UU., y creyendo que simplemente se trata de un juego pone en jaque a todo el país. Si nadie lo evita, estallará la Tercera Guerra Mundial.

Los guionistas Walter F. Parkes y Lawrence Lasker (autores también de otro thriller tecnológico con toques de comedia: “Sneakers, los fisgones”, 1992, de Phil Alden Robinson) tejen una trama que nos lleva desde los videojuegos hasta la guerra termonuclear con suficiente realismo y atractivo para enganchar al espectador; aprovechando el desconocimiento que aún había en torno a la informática para convertir un argumento un tanto delirante en puro entretenimiento. Además con esta estimulante mezcla de comedia de ‘high school’ y thriller bélico-político, la figura del hacker adolescente, descarado y friki llegó al cine para quedarse; presentando al gran público una generación de jóvenes que volcaban su talento y su rebeldía en algo que sus padres no podían ni entender.

 

– Para hackers nostálgicos de la ‘old school’.

– Imprescindible para los que gustan de echar un vistazo al pasado tecnológico reciente.

 

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