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Richard Brooks - 1958 - 'La gata sobre el tejado de zinc'Considerada por muchos como la mejor de las diversas adaptaciones cinematográficas de la obra del dramaturgo Tennessee Williams (“Un tranvía llamado deseo”, 1951, de Elia Kazan, “De repente, el último verano”, 1959, de Joseph L. Mankiewicz, o “La noche de la iguana”, 1964, de John Huston), “La gata sobre el tejado de zinc” es un potente drama sureño sobre la familia y la pareja, con una soberbia dirección de Richard Brooks (“Semilla de maldad”, 1955, “El fuego y la palabra”, 1960, o “A sangre fría”, 1967) que se beneficia de unas actuaciones impresionantes, unos diálogos excelentes y una perfecta ambientación. Film pasional y sudoroso donde los haya que convirtió a Paul Newman en una estrella tras su revelación en “Marcado por el odio” (Robert Wise, 1956), y supuso un nuevo escalón en la filmografía de la ya consagrada Elizabeth Taylor.

Maggie (Elizabeth Taylor en uno de los mejores papeles de su vida) y Brick Pollitt (inmejorable Paul Newman) son una pareja con problemas: el es un ex-futbolista de instituto frustrado y alcohólico, y ella quiere tener un hijo pero se siente despechada. El film transcure durante la fiesta de cumpleaños de Big Daddy (Burt Ives), padre de Brick y patriarca de la adinerada familia Pollitt. Pero la celebración hará brotar rencores paterno-filiares e hipocresías varias que caldearán el ambiente.

La censura que aún imponía el ‘Código Hays’ en la industria hollywoodiense provocó que el film descartase (casi totalmente) la homosexualidad del protagonista (muy importante en la obra original), desatando airadas críticas de Tennessee Williams (y del mismísimo Paul Newman). A pesar de esto la incendiaria química entre Newman y Taylor recorre la densa atmósfera de este melodrama clásico y atormentado elevando el interés de su ya de por sí brillante guión (coescrito también por Richard Brooks). Profunda reflexión sobre la condición humana que nos traslada irremediablemente a ese idealizado sur (genial fotografía de William H. Daniels) que inmortalizó Williams, pero también a la época dorada del cine de Hollywood.

 

– Para amantes del las últimas obras maestras del cine clásico.

– Imprescindible para coleccionistas de los grandes duelos actorales.

 

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