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Fritz Lang - 1953 - 'Los Sobornados'Cine negro en estado puro a cargo del veteranísimo y siempre sobresaliente Fritz Lang (“Metrópolis”, 1927, “M, el vampiro de Düsseldorf”, 1931, o “Perversidad”, 1945), que se ocupa de que el film rezume un opresivo y decadente ambiente, entorno a la corrupción policial y a la sordidez del mundo criminal. Joya del cine de los 40 (el inicio de la época dorada de Hollywood) con una sofocante atmósfera (ese gran calor del título original: “The Big Heat”), unas vibrantes interpretaciones y unos intensos y complejos personajes que caminan por el límite de la ambigüedad moral; recorrida por un sadismo y una crueldad excesiva para la época (memorable la secuencia del café con un joven Lee Marvin en modo psicopático), que critica la corrupción del poder con una historia (basada en un serial publicado en el Saturday Evening Post que no se convirtió en novela hasta la llegada del film) que no decae en su tensión y potencia narrativa.

El íntegro sargento Bannion (Glenn Ford) es un policía que tras el suicidio de un compañero decide investigar los supuestos contactos del departamento con los mafiosos locales. Bannion tendrá que vérselas con un brutal matón (Lee Marvin), que se dedica a presionar a los insobornables, ayudado por la novia de este (Gloria Grahame).

El periodista especializado en crónica criminal reciclado en guionista Sydney Boehm (“Cuando los mundos chocan”, 1951, de Rudolph Maté), pieza fundamental del cine negro de los 50, imprime a este film inspirado en hechos reales una perspectiva novedosa con respecto al modelo clásico de este género en torno a la imprescindible figura de la ‘femme fatale’; esquivando la figura de la mujer fatal en un argumento en el que todas las candidatas a este rol terminan por sucumbir a la autodestrucción del protagonista. La influencia de los sobornados en el cine negro y de gangsters posterior es inconmesurable, atravesando décadas y corrientes desde la cinefília referencial de Jean-Luc Godard (“Made in USA”, 1966) hasta la violenta crudeza de Abel Ferrara (“Ángel de venganza”, 1981), pasado por la angular “El padrino” (Francis Ford Coppola, 1972).

 

– Para coleccionistas del mejor cine negro.

– Imprescindible para conocer la última etapa del gran Fritz Lang.

 

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