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Luis García Berlanga - 1985 - 'La Vaquilla'Tras concluir la ‘Trilogía Nacional’ (“La Escopeta Nacional”, 1978, “Patrimonio Nacional”, 1981, y “Nacional III”, 1982) Luis García Berlanga y el guionisa Rafael Azcona arremetían contra uno de los temas más explotados por el cine español, la Guerra Civil (y contra fanatismos varios), como ya lo habían hecho con la aristocracia, la religión, las tradiciones desfasadas o la pena de muerte: con un estilo cómico-festivo, crítico, satírico y cargado de dobles sentidos y erotismo contenido. Y es que con “La Vaquilla”, Berlanga y Azcona se acercaban a la excelencia lograda en los años 60 (con “Plácido”, 1961, o “El verdugo”, 1963). Armados con ironía, picaresca patria, costumbrismo rural, crítica socio-política y una divertida pulsión sexual, construyen una de las comedias españolas más exitosas de los 80 y la última obra maestra de uno de los mejores directores que ha dado el cine español.

Un desastroso pelotón del bando republicano, liderado por el brigada Castro (Alfredo Landa), es el encargado de adentrarse en el bando nacional para boicotear una corrida de toros que se va a celebrar con motivo de las fiestas de un pueblo cercano al Frente de Aragón; y de paso robar comida.

Con un reparto coral de estrellas y grandes característicos del cine español (José Sacristan, Agustín González, Santiago Ramos, María Luisa Ponte, Guillermo Montesinos, Amparo Soler Leal, Luis Ciges, Juanjo Puigcorbé y muchos más), una producción que se convirtió en la más costosa de la historia del cine español (250 millones de pesetas) y su retahíla de ironias hacia los dos bandos, la película se convirtió rápidamente en un éxito. Y es que “La Vaquilla”, con su esperpéntica irreverencia y su apropiación de los códigos de la comedia de enredo para servir al retrato de las idiosincrasias ibéricas, ya era en los 80 ‘cine de otra época’, el broche final a una generación de cineastas que se las tuvieron que ver con la censura franquista a base ingenio y saber hacer. Divertida, inteligente, polítizada (pero sin victimizar o reducir a estereotipos a los personajes) y española.

 

– Para cualquiera que le guste reírse de sí mismo.

– Imprescindible para recuperar una joya un tanto deslucida de la filmografía de Berlanga.

 

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