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66 - Ted Kotcheff - 1982 - 'Acorralado'Aunque algo lastrada por su condición de icono del cine de acción (y por la carrera posterior, bordeando la autoparodia, de su protagonista), “Acorralado” (basada en la novela de David Morrell) es un vibrante drama postbélico y social que critica la hipocresía de la sociedad occidental y de EE.UU. en particular, además de cumplir su cometido como vehículo de entretenimiento. El reivindicable Ted Kotcheff (realizador de obras de culto como “Despertar en el infierno”, 1971, o “El aprendizaje de Duddy Kravitz”, 1974, y de éxitos comerciales como “Este muerto está muy vivo”, 1989) pensó en Stallone para protagonizar este hito del cine independiente (sus productores Mario Kassar y Andrew G. Vajna tocaron triunfaron en los 80 y 90 con la Carolco Pictures) convertido en icono del cine moderno (y del cine de acción ochentero en particular); y esto terminó marcando el destino de este desencantado paseo por la América profunda (rodado el los bosques de la Columbia Británica).

John Rambo (un Sylvester Stallone que ese año estrenaba la tercera parte de “Rocky”) es un excombatiente de Vietnam que vagabundea por el país desencantado tras la guerra. En un pequeño pueblo de Washington, el sheriff (Brian Dennehy) lo arresta y lo lleva a comisaría, donde lo golpean y registran. John consigue escapar y comienza una persecución a muerte por los bosques que demostrará de lo que Rambo es capaz.

Con escenas, diálogos (casi cada una de las intervenciones de Stallone) y personajes que se han quedado grabados en la mente de varias generaciones, “Acorralado” dio  lugar a toda una saga en la que se dejaba de lado el contenido moral y social para centrarse en la acción violenta e improbable (aunque el propio Stallone recuperó con acierto la franquicia con “John Rambo”, 2008); además de series de animación, cómics y gran cantidad de merchandising. La reflexión sobre la problemática de la integración de los excombatientes, estigmatizados por experiencias traumáticas, dejó paso a un festival de testosterona sin límite; pero esto no pudo empañar las excelencias de un film imitado hasta la extenuación.

 

– Para los que no gustan de la locura de “Rambo III”.

– Imprescindible para coleccionistas de iconos cinematográficos modernos.

 

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