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Robert Altman - 1992 - 'El juego de Hollywood'Maestro del cine coral (“Nashville”, 1975, o “Vidas cruzadas”, 1993) y de la sátira incisiva (“M.A.S.H.”, 1970, o “Los vividores”, 1971), el casi siempre independiente y atrevido realizador Robert Altman volvió a primera línea, tras unos años 80 bastante oscuros, con esta farsa sin contemplaciones de la industria del cine hollywoodiense en clave de thriller criminal. El guionista Michael Tolkin, basándose en su propia novela, nos muestra el lado más despiadado de Hollywood, los entresijos de una industria que no se preocupa por el arte, sino por ganar dinero. Un reparto repleto de secundarios de lujo, decenas de cameos y divertidas autoparodias imprime vida a esta cáustica recreación del mundo del cine; y una auténtica colección de referencias cinéfilas junto a un brillante humor negro ayudan a que la función se convierta en una crítica celebración del cinismo y la superficialidad de Hollywood.

Griffin Mill (un acertado Tim Robbins), productor sin escrúpulos de un gran estudio, es acosado por un guionista al que rechazó por medio de cartas amenazantes. Cuando Mill lo descubre e intenta llegar a un trato con él la trama da un giro inesperado y el productor, con ayuda del estudio, tendrá que eludir a la policía por su implicación en la muerte del guionista.

Altman resultó la elección perfecta para dirigir esta irónica tragicomedia metacinematográfica de homicidios e hipocresía; imprimiendo al film una original narración y un ritmo que encajaban perfectamente con su contenido conceptual (ese plano-secuencia inicial que homenajea a “La soga”, 1948, de Alfred Hitcock o “Sed de mal”, 1958, de Orson Welles). “El juego de Hollywood” nos habla de la falta de escrúpulos de los ejecutivos de los grandes estudios (incluso vemos la aversión hacia ellos en actores como Malcolm McDowell, John Cusack o Nick Nolte, interpretándose a ellos mismos), pero también nos cuenta como pocas la gestación de una película desde el punto de vista menos artístico, arrinconando (y asesinando algo más que simbólicamente), por obra y arte de la ‘producción’, los elementos puramente artísticos.

 

– Para cualquier amante del cine que no se ha parado a pensar de donde vienen sus películas favoritas.

– Imprescindible para conocer la segunda vida artística de Robert Altman.

 

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