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Tod Browning - 1925 - 'El trío fantástico'Antes de deleitarnos con bizarros melodramas circenses (“Garras Humanas”, 1927), romper taquillas con “Drácula” (1931) y hundirse en la miseria con una de las mejores películas de culto de la historia (“Freaks”, 1932), el siempre sorprendente Tod Browning ya filmaba estimulantes dramas criminales en los que desarrollaba su gusto por lo estrafalario y lo extraordinario mientras reflexionaba sobre el amor, los celos, la ambición o el sentimiento de culpa. Sustentando su encanto en un argumento altamente inverosímil y en una trama excesivamente rebuscada, la película sigue siendo, un siglo después, un prodigio de entretenimiento y excentricidad; una de esas obras de arte popular, de una época en la que el lenguaje cinematográfico estaba configurándose, que se adelantaron a su tiempo mostrándonos el lado más ignorado de la sociedad y del ser humano.

Desencantados del mundo de la farándula, tres titiriteros deciden crear una banda en la que utilizarán sus habilidades especiales para robar. El trío está compuesto por Echo el Ventrílocuo (el mítico ‘hombre de las mil caras’ Lon Chaney, actor fetiche del director), que servirá de tapadera en una tienda de pájaros haciéndose pasar por una ancianita, además del enano Tweedledee (Harry Earles) y el forzudo Hércules (un aún desconocido Victor McLaglen).

El talento primigenio y visionario de Lon Chaney (junto con el prestigio ganado en éxitos como “El jorobado de Notre Dame”, 1923, de Wallace Worsley, o “El que recibe el bofetón”, 1924, de Victor Sjöström) favorecieron que Browning comenzase a alejarse de los cánones del cine comercial hollywoodiense e introdujese en su universo fílmico elementos del mundo del circo (había formado parte del Ringling Brothers Circus) y posicionándose de lado de lo extraño, de los único y lo original en detrimento de lo adocenado y normal. “El trío fantástico” es una historia amor poco convencional, un estravagante thriller criminal o un drama sobre la exclusión social, hay simios gigantes y travestidos, pero ante todo es una joya irrepetible del cine mudo.

 

– Para seguidores del gran Tod Browning.

– Imprescindible para personalidades bizarras sin miedo al cine mudo.

 

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