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86 - José Luis Borau - 1975 - 'Furtivos'Después de probar con poco acierto (crítico y comercial) con el cine de género convencional (el western “Brandy”, 1963, o el thriller “Crimen de doble filo”, 1965), el irregular realizador zaragozano José Luis Borau (la cuarta ‘B’ del abecedario del cine patrio tras Buñuel, Berlanga y Bardem), firmó su mejor película (después vendrían “Tata mía”, 1986, o “Leo”, 2000) en los estertores del franquismo; utilizando éste como trasfondo y como objeto de simbolismo de esta claustrofóbica y desasosegante historia. Una labor de dirección excelente (los atrevidos encuadres y ese tempo dramatico ‘in crescendo’), unas interpretaciones inquietantes y un cuidado trabajo estético y visual (gran trabajo fotográfico de Luis Cuadrado) elevan el film muy por encima de la media; sumergiendo al espectador en una España profunda, patológicamente traumatizada, que se convierte por la gracia del cine en una familia rural disfuncional y condenada a la tragedia.

El introvertido y emocionalmente castrado Ángel (el cantautor Ovidi Montllor) vive con su violenta y totalitaria madre (una Lola Gaos que te deja sin aliento) en un bosque, cazando furtivamente para sobrevivir. Un día va a la ciudad y conoce a Milagros (estupenda Alicia Sánchez), delincuente huida de un reformatorio, y se la lleva a su casa. La confrontación entre las dos mujeres desencadenará el conflicto.

Polémico e incómodo film (la escena de Lola Gaos y el perro es de lo más cruel que se pueda ver en el cine), con banda sonora de las ‘tiernamente radicales’ Vainica Doble, que consiguió la Concha de Oro en San Sebastián a pesar de los problemas con la censura de la administración estatal. Y es que Borau y el coguionista Manuel Gutiérrez Aragón (que, como director, dio a la nueva ola del cine español de los 70 obras como “Habla, mudita”, 1973, o “Sonámbulos”, 1978), confeccionaron una parábola profundamente crítica sobre el estado de una España herida y despojada de voluntad por casi 40 años de dictadura (materializada en la madre a la que Lola Gaos puso su inquietante porte), a la que tientan los ecos de la libertad pero que le resulta imposible abandonar la comodidad y la seguridad de la opresión.

 

– Para buscadores de parábolas socio-políticas.

– Imprescindible para coleccionistas de las mejores películas del cine español.

 

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