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Stuart Gordon - 1984 - 'Re-Animator'El debut oficial en el largometraje de dos iconos del cine de terror independiente como Stuart Gordon (“Re-Sonator”, 1986, “Dagon, la secta del mar”, 2001, o “Stuck”, 2007) y Brian Yuzna (“La novia de Re-Animator”, 1989, o “Society”, 1989), nos trajo un hito ochentero del horror más sanguinolento y desprejuiciado que se convirtió rápidamente en una pieza angular de la comedia gore. Adaptación (algunos dirían que sacrílega) de una serie de relatos H.P. Lovecraft que supuso un cambio de rumbo en el cine Gore gracias a sus resultones efectos especiales, su humor negro, su descaro y su falta de pretensiones. Grotesca y escatológica, un creíble festín de visceras y gags inclasificables en el que no faltan desnudos y sexo; “Re-Animator” funciona como un divertimento de culto de primera linea para varias generaciones de amantes del cine de terror serie B más imaginativo.

Un sobreactuado Jeffrey Combs interpreta al introvertido científico Herbert West que consigue un suero que hace revivir a los muertos reanimando su química cerebral. Como es de esperar el experimento se le irá de las manos cuando un profesor rival de la Universidad intenta apoderarse del descubrimiento de West.

“Re-Animator” puso de moda las adaptaciones cinematográficas del popular escritor de Providence (antes de 1984 apenas había una decena de films basados en sus obras, en la actualidad son más de un centenar), aprovechando que no existen derechos de autor en EE.UU. para obras publicadas antes de 1923. Como Lovecraft, Gordon parte de un tema recurrente en el cine de terror (los peligros del avance científico descontrolado y amoral) pero luego se regocija y se lo pasa en grande con la casquería, las desmembraciones y lo espectacular, en vez de centrarse en las atmósferas enrarecidas y los sustos. Cumbre de esa escuela en la que ‘estudiaban’ Frank Henenlotter (“Basket Case”, 1982) o la Troma, eslabón cinematográfico cutre y carismático entre el pionero H.G. Lewis (“2000 maníacos”, 1964) y los refrescantes talentos de jóvenes como Sam Raimi (“Terroríficamente muertos”, 1987) o Peter Jackson (“Mal gusto”, 1987).

 

– Para los amantes de los desmadres de casquería al son de la comedia más gamberra y desprejuiciada.

– Imprescindible para los que buscan buenas ideas en el cine de bajo presupuesto.

 

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