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Samuel Fuller - 1964 - 'Una luz en el hampa'Durante los años 50 y 60, Samuel Fuller forjó su reputación de autor (escribió el guión de casi todos sus films) especializándose en dos clases de films: por un lado películas de acción de serie B, bien fuesen bélicas o westerns (“Casco de acero”, 1951, o “Cuarenta pistolas”, 1957); y por otro truculentos dramas con trasfondo de cine negro que definieron su estilo carácterístico (“Manos peligrosas”, 1953, o “Corredor sin retorno”, 1963). “Una luz en el hampa” pertenece a la segunda clase y Samuel Fuller volvía a demostrar lo que podía hacer con un presupuesto ínfimo, explorando la corrupción y la doble moral de la América profunda con pulso maestro; y mostrando como tras la aparente normalidad se esconde lo más podrido de la mente humana. El estándar argumental de ‘personaje-que-trata-de-huir-de-su-pasado-pero-este-lo-alcanza’ sirve a Fuller para desarrollar su impactante y, a menudo, sórdido estilo visual y narrativo.

El film sigue los pasos de Kelly (Constance Towers), una prostituta que comienza una nueva vida en la pequeña ciudad de Grantville. Kelly parece que consigue rehacer su vida como enfermera, incluso conoce a un buen hombre que además tiene dinero. Pero los problemas no tardarán en aparecer.

Fuller disecciona la sociedad tradicional estadounidense, con su caciquismo y sus reaccionarias costumbres a base de cine criminal de primera; convirtiendo al típico gangster en busca de redención en una mujer y transgrediendo por el camino muchos de los tópicos más consolidados del género (y de la moral hollywoodiense en general). Y es que “Una luz en el hampa” también es un relato de liberación femenina en el que la protagonista intenta huir del rechazo de una hipócrita sociedad que no está dispuesta a perdonar los ‘pecados’ pasados de alguien dispuesto a cambiar. Como siempre, Fuller se pone del lado del débil, del incomprendido y del marginado, tejiendo un crudo y agresivo thriller recorrido por una profunda pulsión sexual que parece decirnos que la vida siempre es dura, pero que no por ello hay que rendirse a su opresión.

 

– Para cualquier del buen cine sin concesiones.

– Imprescindible para buscadores de tesoros escondidos.

 

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