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Tras las excelentes “Winchester 73” (1950) y “Horizontes lejanos” (1952), la tercera colaboración entre el futuro marido de Sara Montiel, Anthony Mann (reconocido por superproducciones como “El Cid”, 1961, o “La caída del Imperio Romano”, 1964), y la gran estrella de Hollywood James Stewart es otro magnífico western atípico con un agudo guión (de Sam Rolfe y Harold Jack Bloom) centrado en la exploración psicológica, una tensa puesta en escena de Mann en escenarios naturales y un soberbio James Stewart. “Colorado Jim” es un vibrante y poderoso western dramático (en la época dorada del género) cargado de colores brillantes y estados mentales límite, en el que no faltan duelos con revolver, persecuciones a caballo y damiselas de armas tomar (una ajustada Janet Leigh), siempre al servicio de la complejidad en su reflexión sobre la codicia humana.

Howard Kemp (James Stewart) decide trabajar como cazarrecompensas para recuperar la granja que perdió mientras combatía en la Guerra Civil. Su objetivo será Ben Vandergroat (Robert Ryan), un fugitivo que ha sido acusado de asesinar a un sheriff. Kemp tendrá que aceptar la ayuda de un viejo buscador de oro (Millard Mitchell) y un desertor (Ralph Meeker) para atrapar a Vandergroat, pero este no está solo.

El cine del oeste se había convertido en la década de los 50 en el género por excelencia del cine de Hollywood, así que muchos autores con aspiraciones más profundas y complejas que un duelo al sol y una venganza visceral utilizaron el género para tratar temas sociales, existencialistas o controvertidos; movimiento cargado de olvidadas obras maestras (de “Incidente en Ox-Bow”, 1943, de William A. Wellman a “Johnny Guitar”, 1954, de Nicholas Ray) para el que Mann y Stewart fueron sus más prolíficos afiliados (aún rodarían “Tierras lejanas”, 1954, y la magnífica “El hombre de Laramie”, 1955). “Colorado Jim” es un film capaz de hacer las delicias de nuestros abuelos, con sus tipos duros y sus descarnadas situaciones; pero también de alegrar el día a los cinéfilos más exigentes con su calidad formal y conceptual.

 

– Para amantes del mejor western clásico.

– Imprescindible para los que quieran asomarse al lado más oscuro del western hollywoodiense.

 

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