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Con el artesano todoterreno Jacques Tourneur (“La mujer pantera”, 1942, “Retorno al pasado”, 1947, o “La noche del demonio”, 1957) tras las cámaras (posiblemente el mejor director de serie B de la historia), un vitalista guión de Waldo Salt que aboga por la sublevación contra el tiránico aristócrata (poco después caería en las garras de la caza de brujas) y las dotes cirquenses de un Burt Lancaster que se había hecho popular en el cine negro (“Forajidos”, 1946, de Robert Siodmak) y que no tardaría en ser considerado un ‘actor serio’ (“De aquí a la eternidad”, 1953, de Fred Zinnemann); “El Halcón y la Flecha” se convirtió rápidamente en un hito del cine de aventuras y en una de las más recordadas películas de ‘capa y espada’ de la historia del cine. Puro cine de entretenimiento que a pesar de estar a años luz del realismo que cultivaban las vanguardias europeas, sabe crear un ‘mundo idealizado’ con reminiscencias en el nuestro.

En la Lombardía del siglo XII, el despiadado conde Ulrich, alias ‘el Halcón’, secuestra a la mujer y al hijo de Dardo Bartoli (Burt Lancaster). Dardo se unirá a la resistencia, que buscan derrocar al tiránico conde, y secuestrarán a la sobrina del villano, la bella Anne de Hesse (Virginia Mayo), con el fin de intercambiarla por su familia.

La épica y divertida banda sonora del mítico Max Steiner acompaña las coloristas (gran trabajo del director de fotografía Ernest Haller, premiado por “Lo que el viento se llevó”, 1939, de Victor Fleming) y trepidantes aventuras acrobáticas (en las que no falta comedia, romance y acción) de estos héroes libertarios del cine de entretenimiento hollywoodiense. Su duelos a espada, su piruetas imposibles (a Lancaster lo acompañaba su antiguo compañero del Circo, Nick Cravat, con el que repetiría en “El temible burlón”, 1952, de Robert Siodmak), su irresistible aroma a clásico, su elegante narración, sus malos malísimos, sus luchas de poder, su romance imposible (o casi) o su inevitable final feliz nos acompañaron numerosas veces durante las tardes de los domingos de los años 80.

 

– Para los que busquen las raíces del cine de aventuras moderno (de ‘Indiana Jones’ a ‘Los Piratas del Caribe’).

– Imprescindible para ver a Burt Lancaster con toda su exuberancia juvenil (con casi 40 años).

 

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