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Abel Ferrara - 1990 - 'El rey de Nueva York'El irregular director neoyorquino de cine independiente Abel Ferrara logró una de sus mejores películas con esta historia de declive de un capo de la droga que parece una ensayo de “Teniente Corrupto” (1992) por su reflexión sobre la redención imposible dentro de un mundo amoral, violento e irremediablemente trágico. Y es que Ferrara asimiló todo lo que había aprendido durante los 80, combinando su condición de independiente con los recursos y estándares del cine criminal (desde la osada “Ángel de Venganza”, 1981, a la mediocre “El cazador de gatos”, 1989); y lo vertió en unos años 90 que inauguró con esta compleja alegoría de ‘cómo-no-podemos-ser-quien-los-demás-no-creen-que-somos’ que funciona también como análisis de una sociedad moralmente deplorable. Y es que “El Rey de Nueva York” es buen cine de gangsters que parece mirarse igualmente en la crudeza de “El precio del poder” (Brian De Palma, 1983) que en la mirada melancólica de “Érase una vez en América” (Serigo Leone, 1984).

Frank White (un soberbio Christopher Walken) decide hacer algo por la comunidad que tanto a saqueado construyendo un hospital en un barrio pobre. Pero tanto la mafia como la policía se interpondrá en sus intentos de redimirse y se desencadenará una guerra de bandas plagada de cadáveres.

Aunque difícil e incómoda, como casi toda la filmografía de este director que se curtió en el cine gore (debutó con el film de culto “Killer: El asesino del taladro”, 1979), la película oculta una concepción de la salvación tan interesante como intensa. La atractiva historia elaborada por el guionista Nicholas St. John (inseparable de Ferrara desde la infancia hasta “El funeral”, 1996), que aquí también pone letras a las canciones de Joe Delia (el cual también estuvo con Ferrara desde su debut), se beneficia de la impagable presencia de Christopher Walken (y un impagable reparto de secundarios), que sabe imprimir al personaje la profundidad y diversidad psicológica necesaria o de las maneras de autor de Ferrara que nos remite al cine de terror clásico (“Nosferatu el vampiro”, 1922, por ejemplo) como metáfora visual y emocional de la trágica historia.

 

– Para fans del cine de gangsters posterior a “El precio del Poder”.

– Imprescindible para los que quieran saber porqué Christopher Walken es considerado un gran actor.

 

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