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Wolfgang Petersen - 1984 - 'La Historia Interminable'Tras el claustrofóbico (y multipremiado) drama bélico “El Submarino” (1981), que se alejaba de las ambiciones socio-existencialistas del ‘Nuevo Cine Alemán’ de Fassbinder o Wim Wenders para acercarse a los códigos del espectáculo hollywoodiense; el director (productor y guionista) Wolfgang Petersen (“Enemigo mío”, 1985, “En la línea de fuego”, 1993, o “Troya”, 2004) se embarcó en otro ambicioso proyecto que logró competir con las superproducciones estadounidenses. Y es que “La Historia Interminable” (basada en parte de la novela de Michael Ende) se convirtió inmediatamente en un clásico del cine de aventuras fantásticas europeo (aunque es una co-producción entre Alemania y EE.UU.) para toda la familia, transportándonos a un imaginativo mundo poblado de carismáticos personajes que funcionaba como herramienta de superación de los malos tragos del mundo real.

Bastian (Barret Oliver) es un chico inteligente y tímido al que acosan en clase. Un día, huyendo de unos abusones, entra en una librería y roba un libro. Cuando, en el desván del colegio, empieza a leerlo se dará cuenta que no es un libro normal.

Acompañada de una canción que se convirtió en un megaéxito en las radios de todo el mundo (‘The Neverending Story’, compuesta por Giorgio Moroder e interpretada por el cantante inglés Limahl), “La Historia interminable” caló en el imaginario colectivo de toda una generación gracias a unos solventes (aunque a veces pecan de algo cutres) efectos especiales tradicionales, a un acertado diseño de producción y personajes (aun para los que ya habían leido el libro, Fujur, Atreyu o la Vetusta Morla siempre tendrán el aspecto que tienen en el film) y a un argumento inolvidable sobre la superación de dificultades y esa capacidad de soñar que parece desaparecer en los adultos que te deja con una sonrisa en la boca (pero en el que también hay momentos terroríficos). La novela de Michael Ende dio para dos secuelas menores y un par de series de televisión, de animación e imagen real, que no hicieron más que aumentar el aprecio por el film de Petersen.

 

– Para los que aún creen en los mundos imaginarios.

– Imprescindible para seguir la pista de las superproducciones europeas.

 

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