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La insobornable y siempre incansable y vanguardista Agnès Varda (“Cleo de 5 a 7”, 1962, o “Los espigadores y la espigadora”, 2002) volvió al largometraje ocho años después de “Una canta, otra no” (1977) con esta obra maestra del cine postmoderno, que, con modales de documental (el film se compone de flashbacks y pequeñas entrevistas), nos cuenta la historia de una vagabunda utilizándola como excusa para hablarnos, entre la filosofía y la sociología, de la libertad, de la opresión que ejerce una sociedad impersonal. Varda compone un mensaje original y contundente que habla de como la libertad radical, lejos de hacernos felices, por obra de unos valores sociales mezquinos nos sumerge en la depresión y la pena, la soledad y la muerte. La personalidad inconformista de la protagonista es descubierta a partir de una serie de poéticos episodios que junto al tono hiperrealista convierte el film en una obra anacrónica y atemporal a la vez.

Después de mostrarnos el cadáver de Mona (una estupenda Sandrine Bonnaire), helado por el frío invierno, la vos de la propia Varda nos traslada tiempo atrás para mostrarnos a Mona vagando por las carreteras francesas. En su periplo convivirá con otros vagabundos, inmigrantes y granjeros. Mona parece no haber vivido siempre de esta manera, pero algo la llevó a cambiar una ‘vida cómoda’ por esta.

Como la máxima representante femenina de la Nouvelle Vague francesa, Varda (que dirigió su primer film en 1955) experimenta con las formas cinematográficas utilizando como base el cine clásico (en una suerte de asimilación del neorrealismo de los 40) a la vez que confecciona un poderoso discurso feminista, con una fuerte figura femenina rompiendo con las cadenas opresivas de una sociedad hipócrita y ambiciosa. La veteranía de Varda, unida a la emocionante interpretación de Bonnaire y a una concepción visual cargada de bellísimos planos (gran trabajo fotográfico de Patrick Blossier, que pasaría a convertirse en habitual de Costa-Gavras), elevan las muchas virtudes de estas contestatarias y críticas aventuras.

 

– Para todos los que alguna vez se han preguntado por el coste de la libertad, y si merece la pena.

– Imprescindible para seguir el rastro de la Nouvelle Vague hasta los 80.

 

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