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Aunque creado por Paul J. Smith en 1953, el insistente y hambriento pingüino Chilly Willy (que llegó a convertirse en el segundo personaje más popular de los estudios de Walter Lantz tras el Pájaro Loco) tuvo un inmejorable inicio gracias a dos cartoons dirigidos por el maestro de la hipérbole animada Tex Avery (“A wild hare”, 1940, “King-Size Canary”, 1947, “Bad Luck Blackie”, 1949, o “Magical Maestro”, 1952). El divertido guión del mítico Michael Maltese y el frenético trabajo narrativo de Avery nos sumergen en una alocada leyenda marinera donde una agresiva e ingeniosa picaresca ‘carpantina’ provoca una serie de gags cómicos atravesados por el más desproporcionado humor físico; con sus cartuchos de dinamita, sus yunques y su buena cantidad de mordiscos en el trasero. Avery y Maltese reconfiguraron a Chilly Willy como una especie de homenaje a los grandes cómicos del cine mudo (su condición de vagabundo, el hecho de que no hable nunca o su comicidad de ‘slapstick’); atribuyéndole características que ya encontrábamos en otras creaciones de Tex Avery (comparte con Droopy o la Ardilla Loca, que debutó con “Screwball Squirrel” en 1944, esa capacidad de manipular las leyes del espacio-tiempo, de ser prácticamente omnipresente, además de que nunca recibe los golpes con los que suele castigar a sus némesis de turno).

 

Tras ver como Chilly Willy buscaba calor y cobijo en “I’m Cold” (Tex Avery, 1954), aquí lo tenemos compitiendo con el oso polar Maxie por un cargamento de pescado en un carguero anclado en el hielo. Mientras Maxie intenta robar el pescado sin despertar a un bulldog guardián con la mandíbula de un tiburón blanco, Chilly Willy hará lo posible porque el perro acabe con sus dientes en el culo del pobre oso. Todo narrado con la incansable agilidad y velocidad de Avery, su ironía lacerante (ese final entre desolador y sarcástico) y su tronchante y fatalista surrealismo (no importa qué hagan los personajes, sus destinos están marcados). Influyente hito del cartoon cuyo rastro podemos seguir hasta la animación moderna (ese marinero que cuenta la historia no desentonaría en “Bob Esponja”) y que abrió el camino para que el entrañable e implacable pingüino desarrollase una carrera de casi cincuenta cartoons (hasta 1972) y se convirtiese en un icono de culto de la animación.

 

– Para interesados en el humor físico más violento e imposible.
– Imprescindible para coleccionistas de iconos menores del cine de animación.

PARA VERLO: http://www.b99.tv/video/the-legend-of-rockabye-point/

Puede consultar la lista completa en: # Los 100 mejores Cartoons de la historia

 

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