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El prematuramente fallecido Ted Demme (“Esto (no) es un secuestro”, 1994, “Blow”, 2001, “Una década bajo la influencia”, 2003) compuso su película más personal a base de nostalgia ochentera y golpes de realidad de los 90 (de manos de la resultona Natalie Portman en uno de sus primeros papeles) con esta historia generacional que explora la insatisfacción, las expectativas, la amistad y el existencialismo más visceral de la mano de un reparto excepcional repleto de caras conocidas (Matt Dillon, Michael Rapaport, Martha Plimpton, Noah Emmerich, Mira Sorvino, Uma Thurman, …). Demme maneja a la perfección el guión de Scott Rosenberg (autor de otro hito nostalgico-generacional: “Alta fidelidad”, 2000, de Stephen Frears), explorando con ciertas maneras de cine coral el siempre dificil paso al mundo de responsabilidades y miserias de los adultos; traslandando el espíritu amargo pero optimista de “St. Elmo. Punto de Encuentro” (Joel Schumacher, 1985) a la siguiente década con sensibilidad y profundidad.

Cuando a punto de cumplir 30 años, el pianista Willy Conway (Timothy Hutton) vuelve a su ciudad natal, el encuentro con sus viejos amigos y con una jovencísima vecina (Natalie Portman) lo harán plantearse toda su vida anterior… y posterior.

Excelente relato generacional (con un heterogéneo catálogo de personajes que van desde la patética antigua estrella del equipo de fútbol del instituto al feliz padre de familia que no ha tenido problemas con adaptarse a la edad adulta) que pasó casi desapercibido en el momento de su estreno pero que ha ido sumando enteros por su universal tratamiento del crecimiento personal y el espejismo de la madurez. Respaldado por una banda sonora a base de clásicos poco convencionales del rock americano (A Flock of Seagulls, Jethro Tull, Chris Isaak, … pero también la pegadiza ‘Sweet Caroline’ de Neil Diamond) Demme teje un tapiz de unas inseguridades y miedos que brotan en todas las épocas, pero adquieren matices diferentes que aquí se traducen en ese desencanto grunge que desarrollaron los vástagos de los hijos de los hippies de finales de los 60.

 

– Para cualquiera que tenga una crisis existencial.

– Imprescindible para completar la trayectoria de actores como Matt Dillon o Natalie Portman.

 

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