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Film de intenciones autobiográficas de Woody Allen en torno a sus recuerdos sobre la radio durante los años 40 que supuso uno de sus más divertidos ejercicios de nostalgia, dejando de lado las historias lineales para contarnos una serie de entrañables minirrelatos y anécdotas con su sabia soltura habitual. Dejando de lado (al menos como motivo principal) las magníficas diatribas sobre las relaciones de pareja de films como “Manhattan” (1979) o “Hannah y sus hermanas” (1986), Woody Allen nos presenta una entrañable comedia costumbrista que parece desarrollar esos casi surrealistas segmentos de “Annie Hall” en los que el protagonista se presentaba en su casa de la infancia, debajo de una montaña rusa. Un premeditadamente idealizada recreación de los años 40 en EE.UU. se combina perfectamente con la universalidad de las relaciones familiares (con un inteligente y acertado uso de los cliches).

El film está narrado por Joe (un prepúber Seth Green), el pelirrojo hijo pequeño de una familia de clase trabajadora de Brooklyn. Seguiremos las vidas de su padre (Michael Tucker), su madre (Julie Kavner) o su tía (Dianne Wiest), pero también las de estrellas de la radio como el Vengador Enmascarado (Wallace Shawn), Biff Baxter (Jeff Daniels) o Sally White (Mia Farrow).

Recorrida por una excelente banda sonora de jazz y música popular de los 30 y 40 (Kurt Weill, Cole Porter, Benny Goodman o Glenn Miller, pero también Carmen Miranda, Ray Charles o Frank Sinatra), “Días de Radio” es una inolvidable comedia inspirada por el espíritu retrospectivo-nostálgico de “Amarcord” (de su amado Federico Fellini, 1973) que contiene algunos de los momentos más tronchantes de la filmografía del hipocondríaco neoyorquino (como la reunión con el rabino o la visita del asesino italiano a su madre), un catálogo de personajes memorables e ingeniosas situaciones (los ladrones y la llamada telefónica, la historia del personaje de Mia Farrow, …) en las que se mezclan las leyendas urbanas de la época con hechos reales e invenciones del propio Allen (que, por su puesto, también es autor del guión).

 

– Para fans de la calculada ligereza de los films de Woody Allen.

– Imprescindible para conocer como se vivía antes de la llegada de la televisión.

 

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