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Normalmente tachado de fascistoide (por su gusto por lo militar, las armas y la violencia), el sólido guionista y director John Milius (“Conan el Bárbaro”, 1982, “Amanecer Rojo”, 1984) creó aquí un retrato nostálgico de una juventud rebelde y sus sueños en el que la amistad tiene una importancia capital. Desarrollando también un discurso antibelicista insólito en la filmografía del director. Considerada la mejor película sobre surf jamás filmada, “El Gran Miércoles” es también un correcto drama de iniciación y entrada en la madurez (donde Milius vertió gran cantidad de experiencias personales) en el que las fiestas adolescentes y el surf van dejando paso, con una solvente profundidad psicológica (y excelentes escenas de surf), al matrimonio, las responsabilidades y a una Guerra de Vietnam que terminará marcando las vidas de los protagonistas.

En 1962, el autodestructivo Matt (Jan-Michael Vincent), el responsable Jack (William Katt, futuro ‘Gran Héroe Americano’) y el alocado Leroy (Gary Busey) son tres amigos que disfrutan, más que de ninguna otra cosa, cabalgando las olas. El film sigue sus vidas durante 15 años en los que no olvidarán su eterna búsqueda de la ‘gran ola’.

Los cálidos horizontes de las playas californianas (aunque las escenas finales están rodadas en Hawaii) funcionan como bello y simbólico ‘zeitgeist’ de la generación de los 60 (aunque el punto de vista de Milius es casi exclusivamente masculino); como ese objetivo inalcanzable, esa perfección que el ser humano solo puede encontrar mediante una simbiosis casi mística con el mundo. Pero el público esperaba al guionista de “Harry el sucio” (Don Siegel, 1971) y no al de “Las aventuras de Jeremiah Johnson” (Sydney Pollack, 1972); así que donde quería encontrar escenas acción encontró reflexión en torno a las visicitudes de la vida, y el film fracasó en taquilla estrepitosamente. Milius quiso ser profundo y lo consiguió en parte (con temas como la homosexualidad, la guerra, la amistad …); además creó un entorno estético que marcaría la imagen de la subcultura surfista.

 

– Para amantes del surf y del insobornable y eterno espíritu adolescente.

– Imprescindible para coleccionistas de actores devorados por su fama.

 

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