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Considerada una de las cumbres del cine negro en su época dorada, “La jungla de asfalto” significó el regreso de John Huston al género (tras las obras maestras como “El halcón maltés”, 1941, o “Cayo Largo”, 1948, o el guión de “El último refugio”, 1941, de Raoul Walsh) y la confirmación de la categoría del guionista/director a la hora de afrontar los retratos psicológicos de personajes al límite y crear atmósferas realistas y perturbadoras. Meticulosa y compleja historia de ‘losers’ y crímenes imperfectos (basada en la novela de W.R. Burnett, autor pionero del cine de gangsters gracias a “Hampa dorada”, 1931, o “Scarface, el terror del hampa”, 1932) con secundarios tan célebres como James Whitmore y una joven Marilyn Monroe; y una recreación de los bajos fondos y del mundo del hampa tan cruda y siniestra como poseida por una turbia belleza poética al estilo de las tragedias fatalistas.

Erwin ‘Doc’ Riedenschneider (Sam Jaffé) es un reputado ‘planificador’ de robos que comienza, tras salir de la cárcel, a reunir a un heterogéneo grupo de criminales, entre los que se encuentra Dix Handley (Sterling Hayden), un rudo granjero arruinado que ejerce de guardaespaldas de ‘Doc’, para dar un golpe de un millón de dólares en una joyería. Pero el plan no saldrá como esperaban por culpa del abogado corrupto Alonzo Emmerich (Louis Calhern), al que iban a venderle el botín.

Huston aplicó a una elaborada trama criminal, y a los ambientes habituales del cine negro, su talento para la composición de planos (con un espléndido uso de la profundidad de campo y de la fotografía en blanco y negro del veterano Harold Rosson, que por entonces explotaba con habilidad la posibilidades del Technicolor con musicales como “Cantando bajo la lluvia”, 1952); imponiendo un ritmo y una narración en la que todo va encajando a la perfección (habitual en las ‘heist movies’ posteriores). Así, “La jungla de asfalto” se convertía en un compendio estético, moral y cinematográfico de una década en la que gangsters, detectives, criminales buscando redención y policías corruptos dominaron las pantallas.

 

– Para los que les encanta que los planes salgan bien.

– Imprescindible para entender el cine criminal de Kubrick a Tarantino.

 

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