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Tras más de 30 años dirigiendo excelente películas, Clint Eastwood comenzó el siglo XXI con tres de las más dramáticas e impresionantes obras maestras de su filmografía. La primera de ellas (antes de “Million Dollar Baby”, 2004, y “Gran Torino”, 2008) fue este escalofriante retrato psicológico a tres bandas acerca de la infancia, los traumas y la imposibilidad de superar los problemas mientras la sociedad nos prejuzgue. La sobrecogedora novela de Dennis Lehane (autor también del libro en el que se basa “Shutter Island”, 2010, de Martin Scorsese) fue el vehículo perfecto para que Eastwood confeccionase un thriller criminal dramático de emociones extremas y expléndidas interpretaciones a cargo de todo el reparto (Sean Penn, Kevin Bacon, Tim Robbins, Laurence Fishburne, Marcia Gay Harden o Laura Linney); un guión de Brian Helgeland que sabe mantener la tensión y el suspense hasta el final; y uno de los mejores trabajos tras las cámaras de Eastwood.

Jimmy (Kevin Bacon), Sean (Oscar al actor protagonista para Sean Penn) y Dave (Tim Robbins logró el oscar al mejor secundario) son tres niños que un día, jugando en la calle, son sorprendidos por unos hombres que secuestran a Dave y abusan de él. 25 años después, la hija de Sean es asesinada; Jimmy será el policía que investigue el caso y Dave parece ser el principal sospechoso.

“Mystic River” desarrolla en su discurso un complejo debate moral en torno a la pederastía, los transtornos mentales y la justicia, apoyándose en unos personajes realistas y llenos de matices que se resisten a la categorización estándar; pero además también se recrea en una trama criminal en la que el suspense y el drama mantienen en vilo a los espectadores, los remueven por dentro y los hace plantearse los dilemas que el film propone con respecto a la sociedad y las personas. Pero todo su contenido temático no luciría sin la lección que da Eastwood (autor además de la banda sonora) sobre el oficio de director cinematográfico, con una narración hipnótica, una magistral puesta en escena sin filigranas marca de la casa y una soberbia dirección de actores.

 

– Para los que saben apreciar sombrías e inquietantes obras maestras de la exploración psicológica.

– Imprescindible para todos los que puedan soportar los argumentos truculentos.

 

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