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Tras el éxito del falso documental satírico-político “Ciudadano Bob Roberts” (1992), el futuro oscarizado actor (por “Mystic River”, 2003, de Clint Eastwood) Tim Robbins decidió repetir tras las cámaras con esta estremecedora historia real que, con un tono lo más neutral que sus tendencias políticas le permiten (Robbins es un demócrata convencido), pone en tela de juicio la pena capital explicitando todo lo que la rodea, sus implicaciones morales y sus desencadenantes sociales; todo sin dejar de lado una profundidad en sus retratos psicológicos compleja y realista. Robbins nos presenta un drama carcelario terminal salpicado por las memorias socio-criminales del protagonista, componiendo una de las más lúcidas miradas al corredor de la muerte vistas en el cine; un emocionante alegato en contra de la pena de muerte que juega con conceptos religiosos como la redención sin abandonar su implacable realismo.

Matthew Poncelet (un excelente Sean Penn) es un condenado a muerte que entra en contacto con Helen Prejean, una monja (Susan Sarandon, esposa de Tim Robbins y ganadora del Oscar por este film) que forma parte de un programa de apoyo a condenados a muerte. Helen intentará lograr un indulto para Poncelet, el cual parece resignado a pagar por sus pecados.

Robbins (que también es autor del guión, basado en el libro que Helen Prejean escribió sobre sus experiencias con Poncelet) consigue hacer crítica social sin sensacionalismos, ofreciendo con cuentagotas los necesarios momentos de explosión dramática; con inteligencia y humanismo, sin reducirse a lo panfletario, acompañado por una impecable colección de clásicos del folk-rock americano (Bruce Springsteen, Johnny Cash, Tom Waits, Steve Earle, …) y alcanzando resonancia temática universal. Desplegando un catálogo de personajes que se posicionan ante el inevitable duelo moral (los partidarios de la pena de muerte contra los que se oponen a esta), Robbins nos habla de los intereses creados alrededor del corredor de la muerte y de las personas afectadas por este; planteando una muestra representativa de la sociedad en general.

 

– Para humanistas convencidos.

– Imprescindible para amantes de las grandes interpretaciones de los 90.

 

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