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Lars von Trier - 1996 - 'Rompiendo las olas'Tras varios originales thrillers (“El elemento del crimen”, 1984, o “Europa”, 1991) que le dieron fama de autor iconoclasta del cine de género (lo alabaron y premiaron en Avoriaz, Sitges o Fantasporto), el film que consagró al siempre radical director danés Lars Von Trier (“Dogville”, 2003) es un desolador drama de más de dos horas poseedor de una extraña capacidad de fascinación hipnótica que pasea sin problemas entre el efectismo y el melodrama barato con su visceral discurso filosófico, religioso y moral para construir un film soberbio que revisita el espíritu de Carl T. Dreyer o Ingmar Bergman. “Rompiendo las olas” fue el primer film de Von Trier enmarcado en el revolucionario movimiento ‘Dogma 95’ (aunque ya aquí transgredió algunas de sus normas), por lo que a la épica emocional de su historia de mártires modernos hay que añadir una narración y unas formas que remiten a ese posmoderno ‘regreso a la pureza cinematográfica’ que tanto dio que hablar a mediados de los 90.

Bess (impresionante Emily Watson) es una joven ingenua y puritana de un pequeño pueblo de la costa escocesa. Aunque su familia no lo ve con buenos ojos, Bess se casa con Jan (Stellan Skarsgård), un trabajador de una plataforma petrolífera.

“Rompiendo las olas” se divide en siete capítulos, todos ellos introducidos por bellos encuadres panorámicos (que remiten a la pintura romántica) acompañados de rock de los 70 (Bob Dylan, Thin Lizzy, Elton John, T. Rex, Procol Harum, Roxy Music, …); esta curiosa estructura, unida a su uso de la cámara en mano (que le da un aire documental) o sus imágenes en baja resolución (con un característico granulado del maestro Robby Müller) lo acercan irremediablemente al cine experimental. “Rompiendo las olas” fue la primera entrega de lo que Trier llamó ‘Trilogía del Corazón Dorado’ (completada por “Los Idiotas”, 1998, y “Bailar en la Oscuridad”, 2000), en la que desató ese estilo que sus detractores tildan de pedante y excesivo; pero que no es más que una inteligente manera de fusionar la provocación con un profundo amor (y conocimiento) por el cine.

 

– Para los que quieran reconciliarse con el melodrama más truculento.

– Imprescindible para los que creen en milagros… y para los que no.

 

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