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Siempre atrevido dentro de los cánones del cine comercial, el hoy tan prestigioso como experimental Steven Soderberg (“Traffic”, 2000, “Ocean’s Eleven”, 2001, o “Che, el argentino”, 2008) debutó en el cine con este exitoso drama psicosexual que se convirtió en uno de los responsables directos de la explosión del cine independiente americano durante la década de los 90 (además de lograr la Palma de Oro en Cannes, por supuesto, fue premiada en Sundance). El personal estilo de Soderbergh, frío y despojado de adornos pero visualmente atractivo (apoyado en inteligentes diálogos y un original argumento) ayudó a definir el futuro cine de bajo presupuesto pero de intenciones elevadas. Soderbergh parece evocar la exploración de las relaciones sentimentales y humanas, así como las largas secuencias conversacionales de padres del cine independiente como John Cassavetes (“Shadows”, 1959, o “Faces”, 1968) o Éric Rohmer (“Mi noche con Maud”, 1969); pero llevando aquellas intenciones a las maneras de la década del video.

John (Peter Gallagher) y Ann (Andy MacDowell) son un matrimonio un tanto descompuesto en el que él la engaña con su hermana (una sugerente Laura San Giacomo). A la vez volverá a la ciudad un antiguo amigo de John, Graham (James Spader) que hará que Ann se cuestione lo que pensaba acerca del sexo y las relaciones sentimentales.

Un atractivo (en varios aspectos) cuarteto actoral funcionando a pleno rendimiento (sobre todo un misterioso James Spader) para dar realismo a esta serie de relaciones cruzadas y unos diálogos agudos y directos son razón suficiente para asomarse a esta exploración de las relaciones de pareja en el mundo moderno, de las frustraciones y las alegrías que provocan. “Sexo, mentiras y cintas de video” es uno de los hitos del cine sobre sexo (más que erótico) de la generación de los ‘blockbusters’ y los videoclips; un lugar donde aprendieron (a veces furtivamente) que las relaciones y los roles sexuales no son tan ideales como la sociedad quiere que creas. Soderbergh no volvería a tener un éxito tan rotundo como este hasta “Erin Brockovich” (2000).

 

– Para los que quieran conocer a la responsable de acercar al gran público a las salas para ver cine de bajo presupuesto.

– Imprescindible para conocer a un Soderbergh muy alejado de sus aparatosas (técnica o conceptualmente) producciones actuales.

 

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