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Después del éxito de su film independiente “Animalímpicos” (1980), la Disney aceptó financiar el ambicioso proyecto del joven animador y director Steven Lisberger (“Persecución muy, muy caliente”, 1987, o “La furia del viento”, 1989); pero los espectadores de la época se sintieron confusos y abrumados ante la implicación en la trama de una tecnología que no entendían y su exhuberante estilo visual (que hacía de los sables laser de “La guerra de las galaxías” meras anécdotas). Así, “Tron” se erigió como uno de los fracasos más sonados de la Factoría Disney, aunque poco a poco se ha convertido en un imprescindible film de culto por su pionero uso de los gráficos por ordenador y un argumento que, en la prehistoria de los ordenadores personales, se atrevía a ahondar con cierta ingenuidad en conceptos y términos informáticos desconocidos para el público en general.

Kevin Flynn (Jeff Bridges) es un programador de juegos de ordenador que trabajó para la corporación ENCOM. ENCOM engaña a sus programadores dejándolos fuera del ordenador central, por lo que estos han de acudir a Flynn, desterrado en una ‘sala de máquinas’. Flynn intenta saltarse la seguridad de ENCOM, pero es absorbido por el ordenador y trasportado a un mundo extraño.

Para edificar esta inolvidable oda temprana a los video-juegos Disney contrató a reputados diseñadores gráficos y artistas (Syd Mead, Jean Giraud, …), además del reputado compositor de música electrónica Wendy Carlos (autor de la banda sonora de “La naranja mecánica”, 1971, de Stanley Kubrick), que unidos al talentoso plantel de la productora de Lisberger (Roger Allers, Bill Kroyer, …), crearon un mundo virtual en el que los programas son personajes y los circuitos de los microchips se erigen en distópicos paisajes monumentales; conformando una influyente imaginería visual y una serie de escenas que ya son iconos del cine freak y geek (esos memorables duelos en motos cuya estela se convirte en muro). Tal vez “Tron” no sea una obra maestra del cine, pero si que es uno de los ejemplos más osados y pioneros del espíritu lúdico-tecnológico de los 80, del auge de una industria hoy omnipotente (los videojuegos), cine adelantado a su tiempo.

 

– Para nostálgicos de una época en la que los ordenadores aún tenían un halo de misterio casi trascendental.

– Imprescindible para informáticos modernos con afán genealógico.

 

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