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¿POR QUÉ ES CINE DE CULTO?

* Por su condición de representante casi única de la escena musical alternativa de los 90.

 

* Por su extensa y variopinta banda sonora.

 

* Por sus muchos cameos del mundo de la música.

 

* Por su creciente valor como testimonio de una época.

 

* Porque nadie ha querido reeditarla dignamente.

 

La década de los 90 supuso en España la consolidación de la música alternativa tras unos años 80 dominados por los 40 principales y los videoclips. Así el punk, el hardcore, el heavy, el pop indie y el rock vivieron una época dorada, configurando los gustos musicales de toda una generación; entre los que, por supuesto, también se encontraban aspirantes a cineastas. Con este trasfondo, e inspirado por los films de ‘auge y caída de una banda’ (de “This is Spinal Tap”, 1984, de Rob Reiner, a “Casi famosos”, 2000, de Cameron Crowe, pasando por “The Commitments”, 1991, de Alan Parker), el cineasta Chema de la Peña debutó en el largometraje con este fallido y melómano drama sobre la fama, la creación artística y la amistad. Es cierto que los personajes resultan planos y típicos y el argumento apenas tiene consistencia, pero, demostrando su buena mano con el cine documental, de la Peña (después dirigiría las interesantes “De Salamanca a ninguna parte”, 2002, o “Un cine como tú en un país como éste”, 2010) nos sumerge en un entorno nunca antes mostrado en el cine español, en un derroche musical que recorre la escena alternativa de finales de los 90; ofreciéndonos un catálogo irrepetible con sus canciones (de Carlos Jean, Dover, Bunbury, Narco, Freak XXI, 7 Notas 7 Colores, Arianna Puello, Dikers, …) y sus muchos cameos musicales (Manolo Kabezabolo, Albert Pla, Raimundo Amador, Kiko Veneno, Antonio Vega, Julián Hernández, …).

Narrada en forma de flashback, la película nos cuenta la trayectoria del grupo Shacky Carmine, que, tras hacer sus pinitos en su Salamanca natal, se traslada a Madrid para triunfar. Dejando a Sebas (Rubén Ochandiano) en Salamanca, Rodol (Andrés Gertrudix) y Zalo (Pau Cólera) fichan a un problemático portero (Fernando Cayo) como cantante y a la guitarrista de un grupo femenino (Rebeca Jiménez); con lo que los Shacky comienzan a despegar. Pero la fama, las drogas, la relación con la industria discográfica, más interesada en exprimirlos que en ayudarlos, y las rencillas internas pondrán en jaque la continuidad del grupo.

Atestadas salas de conciertos, festivales multitudinarios, rivalidades entre bandas, jóvenes, amistad, sexo, drogas y rock & roll; Chema de la Peña sabe introducir todos estos elementos en el film, pero el tratamiento que les da hace que solo los muy interesados en el tema mantengan el interés en unos conflictos y unas situaciones tan superficiales como prototípicas que nos llevan desde la pasión juvenil por formar parte de una banda a la crítica del mercantilismo de las discográficas y la manipulación de la rebeldía adolescente. Las excesivas ambiciones nóveles de su director jugaron en contra de esta producción del mismísimo José Luis Garci en la que podemos encontrar multitud de caras conocidas del cine español (Carmen Machi, Nathalie Seseña, Juan Viadas, Patxi Freytez, …). De la Peña volvería a volcar su conocimiento de la escena roquera en una producción mucho menos ambiciosa temáticamente, pero que se convirtió en uno de los grandes éxitos del cine español del siglo XXI: “Isi/Disi. Amor a lo bestia” (2004).

 

– Para los que poblaban las tiendas Tipo en los 90 en busca de música airada.

– Imprescindible para coleccionistas de rarezas del cine español.

 

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