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Director y guionista aparentemente obsesionado con no repetirse nunca (en los siguientes años dirigiría el thriller dramático “Deliverance”, 1972, ciencia-ficción bizarra con “Zardoz”, 1974, una barroca y tenebrosa revisitación de la leyenda del Rey Arturo, “Excalibur”, 1981, o las aventuras ecologistas de “La selva esmeralda”, 1985), el segundo largometraje del, a pesar de todo, siempre interesante realizador inglés John Boorman dio nuevos bríos al cine negro más vibrante y violento. Gracias a un rudo Lee Marvin en la cima de su popularidad (ese mismo año protagonizó “Los Doce del Patíbulo”), interpretando a un personaje ya icónico (que abrió la veda de los antihéroes en el cine de los 70), y un argumento sencillo pero tan contundente como la puesta en escena de Boorman (que bebe de la Nouvelle Vague francesa); hicieron de esta adaptación de una novela criminal de Donald E. Westlake una pieza fundamental del cine de los 60.

Tras dar un importante golpe, Walker (Lee Marvin) es traicionado por su amigo Reese (John Vernon), el cual se escapa con la mujer de Walker tras dispararle y darlo por muerto. Después de una larga recuperación, en la que contará con la ayuda del misterioso Yost (Keenan Wynn), Walker emprenderá la búsqueda de Reese para acabar con él y quedarse con el botín.

En una época en la que el cine de acción se estaba haciendo más crudo y violento (con directores como Arthur Penn o Sam Peckinpah como claros ejemplos), Boorman logró un soberbio retrato psicológico de un carismático asesino frío y calculador en busca de venganza sin dejar de lado el espectáculo de acción y crimen que el público de la época parecía pedir (aunque fue un fracaso en el momento de su estreno). Y además lo hizo con una narración fragmentada que obliga al espectador a construir la trama, cuidados y estilizados encuadres, metáforas visuales y una atmósfera de creciente onirismo que parece reflexionar sobre la condición de ‘fantasía’ de la obra cinematográfica. En 1999, Mel Gibson protagonizaría una apreciable nueva versión de la novela: “Payback”, de Brian Helgeland.

 

– Para amantes de las historias de oscuros ángeles justicieros.

– Imprescindible para conocer a un icono del cine como Lee Marvin.

 

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