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Acusada por cierto sector del público de ser una cinta lacrimógena sin más (a lo que también ayuda su tremendo éxito a nivel mundial), lo cierto es que “La vida es bella” es la culminación, en forma de genial film de autor, de la carrera de Robert Benigni (el cual también ha sido sistemáticamente infravalorado por su condición de ‘payaso’) y de su manera de concebir el trabajo de ‘creador de películas’; tras haber sido actor fetiche de Jim Jarmusch (“Bajo el peso de la ley”, 1986, o “Noche en la Tierra”, 1991) y haber reventado las taquillas italianas durante más de una década (de “Non ci resta che piangere”, 1984, a “Johnny Palillo”, 1991, o “El monstruo”, 1994). Benigni logró un prodigioso e ingenioso despliegue cómico y sentimental entrelazado de gags que se repiten y se complementan (con loable precisión) a lo largo del metraje provocando una carismática mezcla de humor físico, sátira inteligente y sentimientos bienintencionados.

El film cuenta la historia de Guido Orefice (Roberto Benigni), un festivo joven judío italiano que se enamora de Dora (Nicoletta Braschi), una profesora con la que se casará y tendrá un hijo. Pero el ascenso del fascismo en Europa y en Italia les pondrá las cosas muy difíciles. Toda la familia serán mandados a un campo de concentración y Guido tendrá que ingeniárselas para que su hijo Giosuè piense que todo es un juego.

Con la ayuda de un estupendo reparto de secundarios (Horst Buchholz o Marisa Paredes), la fotografía del mítico Tonino Delli Colli y la evocadora banda sonora de Nicola Piovani, más allá de la chocante premisa de aderezar una historia sobre los campos de concentración y el holocausto con humor, “La vida es bella” es el divertido y emocionante triunfo de una manera muy personal de hacer cine de autor (con una divertida mezcla de comedia clásica de enredo, crítica social, romance y amor por lo diferente). La película se convirtió en un éxito sin precedentes para el cine italiano y dio a Benigni el Oscar al mejor actor por su inolvidable, tierna y contundente interpretación. Es cierto que es imposible no soltar alguna lágrima, tanto de tristeza como de emoción, pero es que “La vida es bella” es cine para sentir, y eso se nota.

 

– Para amantes de las historias que van directamente al corazón.

– Imprescindible para los que quieran echar unas lagrimas y no sepan como.

 

FOTO DE RODAJE

El niño Giorgio CantariniRoberto Benigni & Nicoletta Braschi en el set de “La vida es bella”.

 

BANDA SONORA

Nicola Piovani, ‘La vita è bella’: https://www.youtube.com/watch?v=iy1UWQid6JE.

 

ART WORK

Marie Elena – ‘La vita è bella. Spiral Notebook’

 

FRASES DE CINE

 

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