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Como el de otros de los componentes de la llamada ‘Quinta Generación’ de cineastas chinos (Zhang Yimou, por ejemplo), los primeros en graduarse en la escuela de cine tras la Revolución Cultural de Mao Zedong (1966-76); el gusto del director Chen Kaige (“El emperador y el asesino”, 1998, o “Together (Juntos)”, 2002) por adentrarse con afán crítico en las tradiciones chinas por medio de métodos y motivos cinematográficos (narrativos, visuales, temáticos, …) alejados del clasicismo que siempre se había potenciado en la industria China, no fue muy apreciado en su país de origen. Pero Europa y EE.UU. se rindieron a la calidad de films como “Adiós a mi concubina”, donde Chen Kaige hace un controvertido recorrido, a veces épico y otras intimista, por la historia política y social de China en el siglo XX; emparentándola con la historia de amistad entre dos aspirantes a actores de la Ópera de Pekín.

Cheng Dieyi (Leslie Cheung) y Duan Xiaolou (Fengyi Zhang) son dos jóvenes que se conocen en una escuela de actores durante los años 30. El triángulo amoroso se completará con una joven que desestabilizará la situación, como los cambios sociales, económicos y políticos que habrán de superar mientras representan la obra “Adiós a mi concubina” durante tres décadas; desde la invasión japonesa a la revolución cultural.

Con un punto de vista lo más objetivo posible (obviamente no siente simpatía por la opresión o las imposiciones morales) Kaige teje una espectacular película-río que no evita temas escabrosos como la homosexualidad o la represión política; un prodigio visual y conceptual (su cuidada estética, sus diversos niveles de significado, …) que también funciona como carta de amor al teatro chino, sus personajes, sus colores y sus situaciones. Además, su impresionante fotografía (a cargo de otro habitual de la ‘Quinta Generación’: Changwei Gu), una banda sonora que evoca con delicadeza la música tradicional china y unas inspiradas actuaciones, terminaron por impulsar a “Adiós a mi concubina” a cotas como la Palma de Oro en Cannes.

 

– Para amantes de las superproducciones exóticas e históricas.

– Imprescindible para estetas ideológicos que no tiene miedo a un poco de parsimonia narrativa.

 

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