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Tras lograr en 1956 un éxito sin precedentes en el cine documental con “El mundo del silencio” (co-dirigida por el explorador marino Jacques-Yves Cousteau y ganadora del Oscar al mejor documental y la Palma de Oro en Cannes); Louis Malle eligió para su debut en solitario (luego llegarían “Lacombe Lucien”, 1974, “Mi cena con André”, 1981, o “Adiós, muchachos”, 1987) un género icónico como el cine negro para desarrollar una serie de originales recursos narrativos y técnicos (al servicio de una sencilla trama de un romanticismo trágico y claustrofóbico) que abrirían el camino a la Nouvelle Vague. Y es que partiendo (como la novela de Noël Calef en la que se basa) de un estándar tan manido y clásico como el triángulo amoroso-criminal (“Perdición”, 1944, de Billy Wilder, o “El cartero siempre llama dos veces”, 1946, de Tay Garnett), Louis Malle nos lleva a un terreno de experimentación narrativa, explorando la relación entre la música y el suspense como pocos.

Julien Tavernier (Maurice Ronet) trabaja para Simon Carala (Jean Wall), pero no solo eso, ya que es el amante de la mujer de Carala, Florence (Jeanne Moreau). Julien y Florence planean acabar con el marido, pero en medio de la ‘operación’ algo sale mal y Julien se queda atrapado en el ascensor del edificio donde han cometido el crimen.

Con una opresiva y triste banda sonora del virtuoso renovador del jazz Miles Davis, y el excelente trabajo del mítico director de fotografía Henri Decaë (responsable de “Los 400 golpes”, 1959, de François Truffaut) en su tratamiento del blanco y negro; no es de extrañar que “Ascensor para el cadalso” combine imágenes y sonido de una manera innovadora y fascinante convirtiéndose en una de las cimas del cine negro francés (tan bien representado por Jean-Pierre Melville o Claude Chabrol), el cual siempre ha estado emparejado con cierto realismo social que hace de las historias algo más cercano y posible. La impresionante Jeanne Moreau, las atmosféricas melodías de Miles Davis o el nacimiento de uno de los maestros del cine francés moderno, cualquier excusa es buena.

 

– Para estudiosos del génesis del cine moderno.

– Imprescindible para comprender el cine negro francés.

 

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